sábado, 14 de octubre de 2017

TERROR: EL MONSTRUO NO TIPIFICADO

Mi padre adora las palomas, siempre trabaja afanosamente para ellas. Les dedica sus días. Mi madre calla. 

La habitación del fondo está sacrificada por ellas, cientos de ellas. Mi padre siempre huele a excremento ácido. Lo ayudo cuando me lo pide y entro en el cuarto con terror silencioso: me miran doscientos ojos rojos.

Las palomas que más le gustan son las del sótano, esas no son compartidas, son solo para él. Mi madre calla.

Los domingos, la Juani y Koldo vienen a buscarlos para jugar al tute. Mi madre habla triste con la Juani y  mi padre, con su olor a excremento. 

Es mi momento, voy a explorar el sótano blindado, ese que no comparte con su acobardado hijo.

Las escaleras crujen y huelen a rancio. Giro la llave, muevo el pomo, abro despacio. Gritos, batir de plumas, graznidos.

Dos niñas pájaro idénticas. En vez de boca, pico. Atrofiadas las pequeñas espaldas, plumas y piel mezcladas. Se acercan a mí con ojos rojos.

Abren  sus bocas.

Garoa.
Octubre 2017


COMIENZA LA EDICIÓN 12+1 DE NUESTRO TALLER.

Bienvenidos a la edición 12+1 de nuestro Taller de Relato Breve (Programa de Iniciación).

Esta es nuestra oferta:

Taller de Relato Breve (Iniciación)
Este taller -de nivel inicial- nos aportará las claves para mejorar, uno por uno, los elementos más importantes y fundamentales de nuestros textos: el espacio, el tiempo, las escenas, los diálogos, etc. No sólo está pensado para los que deseen escribir relatos por primera vez, sino que también sirve de partida para los que aspiren a proyectos más grandes como novelas, memorias o cualquier otro género narrativo. Se trabajan las nociones fundamentales de la técnica narrativa, a la vez que se abordan diversos géneros literarios y registros, que llevarán a que el participante vaya descubriendo su propio estilo, su voz literaria y sus preferencias como escritor.
La dinámica de trabajo es la propia de un taller: partiendo de unas líneas teóricas esenciales, habrá una fase inmediata de producción para, con posterioridad, trabajar “tareas” semanales. De esta manera, además de la formación como escritor, se pretende que el asistente se exponga a la crítica fundamentada de sus escritos.
Este taller tiene como objetivo pues, establecer cimientos formales en los que apoyarse con autoridad y ajustándose a cánones literarios; y no se requiere experiencia académica previa en este terreno. No está dirigido a personas con un nivel avanzado en este ámbito.
La próxima edición del Taller tendrá como eje de trabajo, la Iniciación al Relato breve y sus elementos estructurales.

Periodicidad:
El Taller se llevará a cabo en una única sesión semanal: sábados de 16:30 a 18:30 horas. Así mismo, es conveniente disponer de una cuenta de correo electrónico para realizar intercambio de experiencias, correcciones y/o consultas durante la semana.

Precio:
240€ que se podrán abonar por anticipado o en pago fraccionado (50% al comienzo del Taller y el resto, a la mitad de la edición)
Duración: 3 meses (desde el 23 de septiembre al 23 de diciembre de 2017)
Nivel: Iniciación

Solicitud de inscripción y/o contacto:
• Taller de Arte y Sala de Exposiciones oloAMAR; C/ Fernando Primo de Rivera, 4, frente a la dulcería Torre La Paz (S/C de Tfe.)
• Mail de contacto: blanvilla@gmail.com (poner en el asunto: “Taller de Relato Breve”)

Contenidos:

1. Ejercicios de desbloqueo: “El miedo a la hoja en blanco”.
2. El narrador y los puntos de vista.
3. La memoria literaria.
4. El personaje en el Relato Breve (el retrato literario)
5. La imaginación: “el binomio fantástico”.
6. La escena.
7. El paisaje y el espacio.
8. Creación de una historia a partir de una antigua.
9. El tiempo y el ritmo del relato.
10. Naturalidad, claridad y eficacia. El diálogo.
11. Microficción.

domingo, 16 de julio de 2017

VOLVEMOS EN SEPTIEMBRE

Volvemos en septiembre, con una nueva edición de nuestro Taller de Relato Breve (programa Iniciación). 

¡TE ESPERAMOS! 

Más información en: 



Autora de la ilustración: ©MissPink.

DESARROLLO DE UN PERSONAJE: "El regreso"


Al tercer timbre, abrió la puerta. Allí estaba ella, la prima Lucía; tan esbelta, tan peinada, tan sonriente, tan perfecta. Le plantó un beso en cada mejilla antes de dejarla entrar y soltar maleta y neceser. 

Él no podía entender cómo, después de ocho años de éxitos como modelo entre Milán y Nueva York, ahora venía a compartir tiempo con quien de niña fue inseparable.

No sin frialdad, la invitó a sentarse en la butaca y ella, tras ojear el salón, admitió que a él no le había ido mal, aunque como siempre hacía, tuvo el detalle de recordarle su último fracaso escénico. 

En cuanto se quedaron callados ella no pudo evitar las lágrimas. Ante la perplejidad del primo, sólo pudo extenderle una agenda forrada en tela de piel de leopardo. Él quedó sorprendido al abrir y encontrar contactos, anotaciones, lugares de encuentro, precios... 

Contuvo la sonrisa y sintió no poder contar a mamá que el éxito de “la perfecta Lucía” se había fraguado sobre camas de media hora.


Marta Matamala.
Febrero, 2017

MICRO RELATO CORAL.



Ángel Mora.

Maldita la hora en que decidí embarcarme en aquel crucero. Me vendieron la moto: “Disfrute de un viaje de ensueño por el Mediterráneo haciendo escala en Niza, Cerdeña, Nápoles, etc., etc.” La culpa la tuvo mi hermano que junto con mi cuñada, decidieron darme una grata sorpresa.

Marta Matamala. 

Aun en el puerto, mientras esperábamos, miraba hacia el puerto deseando estar allí en aquel momento. Me perdí en el recuerdo de los días anteriores dentro del estadio lleno de gente viendo la competición de atletismo. Quién me iba a decir que aquel tropiezo con Esteban podía llegar a alterar mis vacaciones de aquella manera.

Luis Cabrera.

Respiré hondo para tranquilizarme y hacerme a la idea de que esto era lo que tenía que afrontar. No quise, como hacía en otras ocasiones en que no aceptaba las circunstancias que me acorralaban, responsabilizar a los días de lo sucedido.

Pues bien, ya hablaría con él a la vuelta y vería qué hacer.

Enero, 2017

RELATO PARCIALMENTE BIOGRÁFICO


Una vez más se encontraban viendo la tele sentados sobre el sofá beige de grandes flores. A ella siempre le pareció horrible, para él siempre estuvo bien, puesto que lo había elegido mamá.

Ella quería salir a pasear. Él prefería merendar primero, descansar después y esperar la llamada del amigo con el que salía cada noche. Luego sería tarde.

Se levantó a preparar la merienda. Estudió el grosor de las lonchas de queso que había comprado “la mamá”, dudando si ese día debía poner una o dos.

Llevó los sándwiches. Él seguía repochado sobre las flores. Se incorporó y comenzó la rutina:

—Apenas has puesto queso, esto es poco para mí, mi madre siempre me pone más.

—Pues el próximo que te lo haga tu madre.

Él se levantó a defender a mamá. Ella ese día habló. Él la agarró y la empujó contra la pared de la entrada: nunca había llegado tan lejos.

Ella se paró, lo miró, tomó el bolso y se arrancó la rebeca para permitir que crecieran sus alas ante los ojos expectantes de él. 

Sonrió y voló.


Marta Matamala.
Octubre, 2016






SENTIDOS/SENTIMIENTOS/EMOCIONES: "El momento antes de despertar".



“Maldito despertar”, Sonia se revolvía en la cama. 

Su despertador estaba programado para que sonara todas las mañanas, a la misma hora, con Sonata para Piano nº 17 Adagio de Mozart. Pero eso no la reconfortaba. 

A través de las cortinas se colaban tímidamente los primeros rayos del sol y junto con la música, llegaba a sus todavía adormecidos oídos, el canto de los pájaros que anidaban en el anciano roble que había plantado su abuelo delante de la casa. Su almohada, suave como una nube, conservaba el perfume de jazmín del jabón con que su madre le había lavado el pelo la noche anterior. El tacto de las cálidas sábanas de algodón la trasportaban a sus años de niñez. 

Pero todo eso tampoco le traía paz porque todas las mañanas se hacía la misma pregunta: ¿Para qué despertar si ya habían pasado cuatro años desde el accidente?


Ángel Mora.
Octubre, 2016

EL MIEDO A LA HOJA EN BLANCO: EJERCICIO DE DESBLOQUEO.

"ME GUSTA/NO ME GUSTA"

Me gustan los lunares de cualquier tamaño y color, me gustan en las sábanas, en las blusas, en las faldas, en los pañuelos. Adoro los zapatos de tacón ancho y con tiras que los sujeten, para permitir a mis pies zapatear por bulerías, por alegrías. Por tangos. Disfruto los besos en la boca con los ojos cerrados, y el roce de otra lengua carnosa en medio de la humedad de las salivas. Me encanta pasar por delante de un colegio a la hora de la salida de Primaria y ver desde mi coche, mientras me paro en una interminable cola, a esos niños rubios de pelo rizado, mirando a su madre con admiración mientras se aferran a su mano. Disfruto subiendo las escalerillas de un avión que me lleve a cualquier sitio que me permita transitar por caminos por los que nunca he pisado. Me gusta sentarme en mi despacho y escuchar historias de cada una de las personas que pasan por él, de sus hijos, de sus vecinos… Me fascina tomar una copa de cava mientas muerdo una tostada con salmón y huevos revueltos, que se van dejando caer por los bordes, mientras contemplo el verde del valle hasta el mar. 

No soporto los gritos ni cuando son míos, muchísimo menos cuando son míos. No me gustan los pantalones de chándal blancos, que sólo sirven para pasear cada mañana de domingo, con un periódico doblado bajo el brazo. Me desagrada el olor que impregna cada espacio de mi coche, al tomar La Rambla para entrar en Santa Cruz. Me enoja la basura en los senderos y las colillas en las playas, huellas de visitantes anteriores, que se apropiaron de la naturaleza que no les pertenece. Me desagrada la textura blanda e inconsistente de los callos al entrar en la boca, como si no se prestasen a ser mordidos y jugasen a escurrirse entre los dientes. Me molesta mancharme las manos de tierra, que se meta entre mis dedos y mis uñas, dejando unos visibles puntitos negros que se convierten en rayas cuando los intento sacar. 

Pero sobre todo, no me gusta contar las cosas que necesito contarte.

Marta Matamala.

SENTIDOS/SENTIMIENTOS/EMOCIONES: "Resaca".

Sonó el despertador. Rápidamente alargó la mano para acabar con aquel ruido que le taladraba la cabeza. Se agarró a la almohada, que a esa hora le parecía poco mullida para poder esconderse en ella. Sintió un dolor en la barriga, curiosamente su vejiga nunca daba señales de vida hasta que abría los ojos. Aún así siguió aguantando, tapada hasta la cabeza por aquella nueva sábana turquesa que había comprado en El Corte Inglés. Adoraba su tacto fresco, a pesar de las cinco horas que había estado preservando su calor. 

Se incorporó mínimamente, miró sus zapatillas de color rosa, aterciopeladas, que estaban colocadas en el justo lugar de cada noche, apenas tocando la alfombra, pero sin llegar a pisarla.

El dolor en la barriga aumentaba, pero hoy no tenía fuerzas para acabar con él, la cabeza aún le pesaba, empezaban las náuseas. La ginebra de la noche le estaba pasado factura.

Marta Matamala.




domingo, 3 de abril de 2016

LA MIRADA DEL ESCRITOR: DERIVA

   Sé de estas calles, de sus rutas para unir destinos. No me dicen nada en particular. Las camino de aquí para allá sin un fin. 

   Cuando viajo, cuando estoy fuera, en otra ciudad en la que siempre siempre me gustaría quedarme a vivir, me detengo, la considero, la explico, la siento. Respiro y sonrío. Pero qué bonito. Pero qué bonito. 

   Ya casi no viajo. 

  Y hoy me he propuesto caminar mis calles despacio, incluso a pesar del objetivo y mirar hacia el perfil de los edificios contra el nítido azul. Y cuidar mi paso y detenerme a observar, a respirar, afrontando no estar en esta, sino en otra ciudad. Y también sonrío... Pero qué bonito. 

   Yo podría quedarme a vivir aquí. 

Gloria Villa
Abril, 2016



TALLER DE RELATO BREVE (PROGRAMA AVANZADO)

Ayer sábado comenzó la primera edición del Programa Avanzado de nuestro Taller. Fue emocionante encontrarnos de nuevo y sobre todo, enriquecedor. Si participaste en alguna de las ediciones del Programa Inicial, este es tu nuevo reto: ponte en contacto con nosotras. Te esperamos. 




lunes, 4 de enero de 2016

MICRO FICCIÓN - "LA MONSTRUA"

    Todos los días, antes del atardecer, me doy un paseo por el parque. Ahora, con el marido jubilado y los hijos independientes, he podido empezar a darme estos ratitos. Siempre reservo para el final la visita al diminuto estanque escondido. Es curioso que, pese a su extraña localización y profundidad, sea para mí el rincón con más encanto: Consigo serenarme observando las carpas rojas y doradas serpentear en él. 

   Hoy, un niño de unos seis años, se acercó hasta el borde. Le sonreí y me llamaron la atención sus ojos. De pronto, saltó al agua y comenzó a patearla con una rabia atroz. No pude moverme mientras él machacaba las carpas una y otra vez. El estanque se convirtió en un lodazal de jirones rojos y vísceras. 

    Su madre salió de la nada, levantándolo por los hombros, diciéndole que no hiciera aquello, que se iba a ensuciar las botas. 

Victoria Castellanos
Noviembre, 2015

"MARKETING"

       La tienda de Doña Chana siempre había estado en la esquina. En sus inicios había sido la típica ventita de postguerra. En los ochenta se reconvirtió en un videoclub. En los noventa abrió como un Ciento Cincuenta donde encontrar todo tipo de fruslerías. Con el nuevo siglo llegó el herbolario. 


Cuando Clara se hizo con el local, los vecinos se preocuparon. Aquella rubia menuda venía de fuera del pueblo y vestía demasiado hippy. No parecía una persona que guardara las tradiciones que dueños anteriores sí habían respetado. La tienda había mantenido el mismo nombre y en una de las paredes siempre había estado colgada una fotografía enmarcada, de una mujer de perfil de tez muy blanca y un gran moño negro. Para sorpresa de todos, Clara no se deshizo de ninguna de las dos cosas. Y tras superar las primeras impresiones, consiguió una clientela fiel que acudía a buscar remedios para la ciática, la tristeza, la migraña, el estrés de los exámenes, el exceso de kilos, la falta de deseo,… Clara parecía entender de todo.

—Siringa, Clara. ¿A qué no sabes lo que es?— la desafiaban.

—¿Eso no es una flauta típica de Grecia? Creo que tiene algo que ver con el Dios Pan.

—Pero, ¿cómo sabes tanto?

—No soy yo— siempre la misma respuesta señalando el retrato— Me lo chiva Dña. Chana.

Las “habilidades” de la mujer de la fotografía comenzaron a hacerse cada vez más populares. Además de conocer el significado de todas las palabras, también era capaz de adivinar las necesidades de los clientes sin que estos lo hubieran expresado.

—Dame algo para el insomnio, Clara.

—Espera un momento. Dña. Chana me dice que tú lo que necesitas es algo para el mal de amores.

—¿Tienes algo para el estreñimiento?

—Según Dña. Chana lo que estás buscando es valentía para enfrentar a tu madre.

A los seis meses de apertura, el herbolario era famoso en el pueblo y en la comarca por los remedios y consejos que la fotografía de una mujer expresaba a través de la dueña del establecimiento. La clientela aumentaba y Clara estaba contenta. Sin embargo, a veces, se sentía incómoda. Cada vez más la gente que entraba en su tienda se dirigían directamente a Dña. Chana. En ocasiones sólo hablaban con Clara para transmitirle lo que la foto les había recomendado y necesitaban comprar. Pero también estaban los que entraban, mantenían una conversación silenciosa con Dña. Chana y se iban. La situación se volvió realmente extraña cuando los clientes cogieron la costumbre de dejar regalos a la señora: flores, reliquias y, en un bol de alabastro, dejaban dinero.



Antes de celebrar el primer aniversario, el Ayuntamiento envió una carta a Clara. Al parecer el Vaticano estaba estudiando varios milagros adjudicados a Dña. Chana. Así que el Consistorio había decidido expropiar la propiedad para construir una capilla. Clara se fue del pueblo con una importante compensación económica e interesantes aprendizajes sobre la relación con los clientes de un herbolario.

Daida Rguez. Barrios
Diciembre, 2015

sábado, 12 de diciembre de 2015

EMPEZAR CON UN FINAL - "EL TAMAÑO REAL"



    En el Patio de las Bouganvillas, dos hombres y una mujer comparten jarras de limonada fresca y conversación.

    La dama se abanica con firmeza, pero ni su porte regio consigue que las gotas de sudor le condonen el martirio. Ella se excusa y en un revuelo de enaguas que rozan el suelo, se retira a descansar. El ceño de su marido revela el arraigado desprecio que siente por ella. 

   Así pues, quedan solos los hombres, Francisco de Borja Álvarez de Toledo Osorio, Duque de Medina Sidonia y su amigo Fernando, cuando el criado anuncia la visita de un tercero.

    —El Barón Karl Von Draiss solicita ser recibido, Señor.

    Y la algarabía que le precede, delata los gustos de Francisco.

   —¡Maravilloso!—exclama excitado —¡Verás, Fernando, cuáles son sus artes y cuán sorprendentes resultarán a tus oídos! Descuida, guardaremos tu secreto y así el encuentro será más provechoso. 

   Un hombre joven de plácidas maneras, entra en escena y el afecto que el anfitrión le profesa queda en evidencia. Fernando receloso y socarrón, escucha los relatos de ambos sin demasiado interés. Su pie derecho repiquetea en el suelo con insistencia, mientras el Barón, que resulta ser inventor de profesión, se deleita contando las excelencias de lo que ha dado en llamar “La Draissina”: Un velocípedo de dos ruedas, manillar, pedal y sillín con el que un hombre por su propio impulso alcanza el mismo paso que un coche de caballos. El Barón afirma recorrer con ella Europa en su carruaje por pura diversión. Es entonces cuando a Fernando le brillan los ojos y su carácter imperativo le obliga a hacerse con tal invento. Tras una corta negociación, a cambio de un buen bolsón de maravedís de oro, el velocípedo es suyo.

    Pasan los días aprendiendo a montar el invento y los tres hombres van desde el Palacio del Duque a las Playas del Santo Espíritu, y de las Playas del Santo Espíritu al Palacio.

  El Duque muestra una facilidad innata para dominar el artefacto, pero a Fernando se le resiste tal hazaña. Una semana más tarde, el hombre incapaz, hace el camino en solitario mientras la desesperación se le mete en las entrañas. La hinchazón es cada vez mayor y el dolor insoportable. La estúpida de su mujer había osado insinuarle que su malformación le dificultaría el asunto y al recordarlo, se le inunda la cara de cólera.

   Sería el hazmerreír de la Corte si el motivo de su incapacidad para montar aquel invento traspasara las fronteras de Medina Sidonia.

  Una vez más era su deformidad la que le impedía disfrutar. Por algo le llamaban sus súbditos, Felón.



    El día de su cumpleaños, Fernando tiró la bicicleta por el acantilado.

Victoria Castellanos
Noviembre, 2015

MICROFICCIÓN - "EL APERITIVO"


              Aquel arenal era el lugar perfecto para que sus tiernas crías crecieran sanas y felices: Una gran comunidad que los protegía y cuidaba, y al mismo tiempo, les ofrecía todo aquello que necesitaban para desarrollarse y llegar a ser adultos. Pero justo a las tres semanas de haberse formado, una de ellas, empezó a no sentirse a gusto, sentía que aquel no era su sitio. Quería algo más moderno, más industrial. 

            A pesar de la negativa de sus progenitores, se desprendió de su concha como si se desprendiera de su pasado y se marchó a vivir a uno de aquellos apartamentos compartidos, de estructura metálica, que tanto fascinaban a los jóvenes berberechos rebeldes.

             Su aventura de libertad y rebelión acabó en un charco de limón.


Miguel Martín Gutiérrez
Noviembre, 2015


JUGANDO CON LA ESCRITURA: SÍMIL . "UN DÍA"

           

Cuando me despierto para ir a trabajar soy como un ombligo, un agujero arrugado, oscuro, enterrado bajo el edredón.



Si descubro que es sábado y no es necesario levantarse temprano soy como un beso cálido y agradecido. 



Mientras me muevo por mi enorme Instituto soy como un logotipo porque mido metro ochenta, me gusta vestir con colores llamativos, y los orientadores siempre tenemos un foco encima, aunque no queramos. 



Ahora, si me cruzo por las pasillos con la Inspectora soy como un sepulcro, que trata de pasar desapercibido en el cementerio cubierto por una lápida común, una frase típica y unas flores convencionales. 



Suelo evadirme si me aburren las conversaciones y me convierto en uno de esos botones que luchan por descoserse de la rebeca, perderse y ver mundo. 



En vicio me vuelvo cuando se me presenta una ocasión para juzgar a los demás a través de la ironía y el sarcasmo. Cuántas veces me muerdo la lengua a lo largo del día. Y cuánto me divierto con mi pensamiento. 



Por la tarde, suelo ir al gimnasio para someter mi cuerpo a formas de torturas ideadas por veinteañeros. Pues bien, cuando salgo de estas clases me quedo como una porción de chicharrón, es decir, como un cacho de “residuo que queda después de derretir la grasa del cerdo o de otros animales”. 


Por último, por las noches a veces hablo con mi madre. Para ella, yo sería la llanta protegida por el neumático que es mi hermana. Con ella llora, se queja, se enfada y a mí me habla de gatos.

Daida Rodríguez Barrios
Diciembre, 2015

FOCALIZADOR: DESDE DÓNDE CONTAMOS - "MALENTENDIDO"




            Carlota y sus amigas, de no menos de treinta, se mueven dando botes entre velos de colores y penes de goma. Armadas con vasos de tubo, han tomado el centro de la pista de la discoteca. Justo al escuchar los primeros acordes de una de esas canciones, que sólo cobran sentido cuando puedes bailarlas en grupo, con una coreografía establecida. Aunque lleva un rato luchando contra su fisiología, ésta está a punto de ganar la batalla; así que Carlota se aleja del grupo con dificultad. En la puerta del servicio encuentra a un hombre de semblante serio. “ Un sitio extraño para un portero”, piensa. Ya dentro trata de sortear, sin mucho éxito, los charcos que cubren de forma desigual el suelo. Alguien llama su atención, alguien que llora bajo el lavabo. Cuando se acerca, ve que es una joven, con el rostro embadurnado de maquillaje y sangre. Carlota la ayuda a levantarse con muchos problemas, ya que las dos calzan unos taconazos de los que deforman hasta la última cervical. Con palabras cariñosas la invita a lavarse la cara, pero se da cuenta de que la joven no habla español. A medida que se aclara sus rasgos con el agua, más niña le parece. A Carlota algo le presiona el pecho. Es ese sentimiento que se nos despierta con el sufrimiento del más débil. Y entonces lo ve claro: una menor, muy blanca, muy rubia. En aquel programa de la tele (ahora no recuerda su nombre) hablaban de casos como éste. Carlota siente ganas de abrazar a la joven y llorar juntas. “¿Qué puedo hacer?”, dice en voz alta. Entonces agarra con fuerza la mano de su protegida y la obliga a dirigirse con ella a la salida. “Sólo tenemos que llegar hasta mis amigas”. 

          ¿Qué extraña costumbre española es esta? Mujeres borrachas con penes en la cabeza. Como tenga que volverlas a ver paseando a ese muñeco hinchable, lo desinflo a patadas. Oh, Díos mío. Ahí se acerca una de ellas. Menos mal. Sólo quiere ir al baño. Harto de esperar pegado a esta puerta. ¿Por qué tarda tanto Sharon? Claro, sabe que estoy planeando formas de tortura. En cuanto lleguemos al hotel nada de móvil, nada de piscina… Esa niña mal criada va a pasar el resto de las vacaciones castigada ¡y el resto de su vida! Escaparse con ese grupo de mocosos alemanes a una discoteca... Cada vez que lo pienso me dan ganas de pisotearle el Ipad. Y encima, me monta el numerito de la hemorragia de nariz. 

         ¡Por fin! Pero, ¿y esta loca? ¿Por qué me grita? ¡No la entiendo! ¿Y a dónde va con mi hija? 

—¡Sharon! ¡Sharon!


       En serio, niña. Cuándo te vi aparecer con aquella chica me entró una mosca… Pero ni loca me hubiera imaginado lo que iba a pasar. 

        Hacía nada que habías entrado a la pista de la discoteca con las demás (¡cómo te gusta una fiestuqui!: Eres capaz de convertir una salida para ir a la Romería de San Marcos en una escapada a Las Verónicas). Pero enseguida te vi irte al baño, dando codazos y manteniendo el equilibrio con esos zapatos que yo ni muerta me pongo. Y a la vuelta, vienes con esa niña rubia y nos ordenas a Raquel y a mí que te sigamos. Y aquel guiri gritando detrás de ti y tú “¡Ni caso, no le hagan ni caso!”. Entonces, nos encierras en aquel cuarto detrás de la barra, y le pides al camarero -flipando- que llamara a la policía. Luego, te pusiste a hablarnos, pero no hilabas una palabra a derechas ¿no te acuerdas? Yo nunca te había visto tan nerviosa. Que si tráfico de mujeres, que si la niña lloraba en el baño, que si Raquel háblale en inglés que tú tienes el B2, que si la televisión, que si un proxeneta cabrón, que si maquillaje y sangre, que si Marta tú sabes de esto que trabajas para unos abogados, que si los países del Este... Y cada vez gritabas más y más. Y cada vez te ponías más y más roja. Como un pimiento, chica. Y Raquel y yo como en shock, la niña llorando y el guiri, venga a golpear la puerta.

        Chica, qué rollo. Bueno, mis compañeros del despacho están intentando que el americano no te denuncie. Pero dicen que esto es grave, Carlota.

Daida Rodríguez Barrios
Noviembre, 2015

sábado, 5 de diciembre de 2015

EMPEZAR DESDE EL FINAL: FERNANDO Y SU BICICLETA

       Sucedió de repente, un arrebato de locura que llegó sin avisar. Se vistió apresuradamente y salió a la calle, no sin antes meter a aquel maldito trasto en la parte trasera de su furgoneta. 

       Muchas habían sido las veces que había pensado en deshacerse de él, pero al final siempre le ganaba aquella maldita vocecilla interior que le repetía una y otra vez te arrepentirás, te arrepentirás...

       Pero hoy sabía perfectamente que no se arrepentiría. Hoy, por fin, pudo ganar la batalla a su conciencia. Hoy pondría fin a años de angustia y rabia, y mandaría a la mierda a aquel maldito recuerdo de su infancia, que no hacía otra cosa que traerle a la memoria la imagen de la persona que más odiaba y despreciaba. 

       Cuando llegó a lo alto del acantilado, bajó de la furgoneta, abrió la puerta trasera y sacó con rabia aquella vieja bicicleta que le acompañaba desde los diez años. 

         Fernando miró hacia el abismo que se abría ante sus pies y levantó en peso la bicicleta. Apretó los ojos y lanzó cuarenta años de rabia, acantilado abajo. 

Miguel Martín
Noviembre, 2015

CLARIDAD: "LA TUERCA"

Rodolfo era el primer gato que vivía en aquella vieja casa de la esquina. Sus bigotes estaban chamuscados, retorcidos sin explicación alguna. Era un gato callejero, con aspiraciones de Don Juan. Cada noche se ponía sus mejores galas y salía a conquistar lindas gatitas, aunque sus preferidas eran las maduritas. Rodolfo no entendía por qué todas ellas no le hacían caso, ni un triste maullido, ni un arañazo amoroso. Nada. Hasta el día en que Sombra, el gato grandullón del vecino, murió en un extraño accidente de tráfico.  

Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Daida Rodríguez.

Se desnudó apresuradamente y se metió en la cama. Sus piernas no llegaban al borde, así que mamá le ponía un almohadón de Bob Esponja al final. Mamá cantaba boleros antiguos hasta que conseguía que se durmiera. Y el bebé, agradecido, le dedicaba babillas placenteras. Se le caían de la boquita mientras sonreía adormecido por la voz de aquella mujer amorosa. El bebé creció y siguió aferrado a su Bob Esponja, a la que llamaba Ana solo cuando se enfadaba y no le cantaba el bolero que él le pedía para dormirse. 

Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Miguel Martín.

La luz entraba por la ventana mientras la chica rubia pintaba el lienzo. Había estado bloqueada durante meses, pero aquella tarde fría y lluviosa la había inspirado: lanzó el bastidor por la ventana y el cuadro del jarrón de magnolias quedó hecho un cristo. Se sirvió una copa de vino blanco y lo saboreó mientras observaba su obra destrozada. Aquello le bastó para decidir que, a partir de ese momento, se dedicaría a la cría de mariposas. Sin duda, sería lo que le iba a hacer feliz para siempre: vino y mariposas. 



Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Miguel Martín.

Cada vez que Nazaret sacaba a su madre, tenía que recomponerle un hueso. Así que decidió diseñar un vestido que le ayudara a protegerla en sus salidas. Le iba cosiendo, sin hilos, retales a la piel. Sin malla ni costuras. Era un tejido experimental. Tan experimental, que en realidad era inexistente. Tan experimental, que ni siquiera tenía madre. Tan experimental, que ni siquiera. Tan experimental, que. 

Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Miguel Martín.

sábado, 21 de noviembre de 2015

EJERCICIO DE DESBLOQUEO: "DOS PALABRAS"

"Montaña" y "avión"


La montaña no era ni demasiado alta ni muy escarpada. Era más bien una suave colina redondeada por la acción de la erosión, pero para los habitantes de la isla era todo un símbolo. Era simplemente La Montaña Aquella mañana, el símbolo se les vino literalmente abajo al ver cómo un enorme avión se estrellaba sobre ella, dejándola reducida a un simple montón de restos metálicos y humanos.

Al parecer el piloto, algo inexperto, no la vio ni como montaña ni como símbolo.

Miguel Martín
Septiembre, 2015

LA ELECCIÓN DEL TEMA: "EL MUEBLE DE LA INFANCIA"

En esas sobremesas que siguen a una buena comida con amigos, si surge el tema de la infancia, mi hermana suele recurrir a la anécdota de “La Cocinita”. Era una preciosa estructura verde y marrón, que olía a plástico, en una época en la que ese aroma era extravagante y delicioso. Despertaba, de forma obscena, los deseos de ser una madre dichosa por estar dedicada a sus tres hijos y su marido. En un espacio reducido se conseguía un equipamiento mejor que el de mi actual cocina de diez metros cuadrados, y preparar los platos más espectaculares que, aunque, inexistentes, sabían como todas las golosinas prohibidísimas por mamá. ¡Cuánta felicidad guardada en pequeños compartimentos! Tenía la altura justa para que una niña de seis años jugara cómodamente; y era lo suficientemente endeble para que mi peso, cayendo desde la cama, en una noche de mal dormir, la destrozara.
Cuando mi hermana cuenta esta historia con enfado fingido (¿fingido?), yo opto por esbozar una mueca de aburrimiento. Sin embargo, en mi mente una duda me incomoda, como el virus debilitado de una vacuna que consigue subir la temperatura corporal.

De la noche del accidente guardo una imagen que me inquieta más que la idea de que mi hija de dieciséis años ya no sea virgen. Arropada en la cama de casa de mis padres lloro en silencio de rabia. Mi hermana me ha prohibido que vuelva a usar su juguete más preciado después de un accidente con unas acuarelas. Observo La Cocinita junto a mi cama con la angustia de una Julieta separada de Romeo. El timbre del pequeño horno sonando en solitario en la oscuridad llama mi atención. Resuena como un tambor de guerra en mis oídos. Está tratando de decirme algo. Sé que es lo que tengo que hacer.

Daida Rodríguez.
Octubre, 2015

CLARIDAD EN EL RELATO: "DIEZ PALABRAS"

Los miedos nunca son invitados a mis noches de insomnio, aunque siempre llegan impuntualmente temprano. Antes si quiera de plantearme que debería acostarme, ellos ya están acercándose a casa. Pero, además, tienen la desfachatez de no acudir solos. Les siguen, muy de cerca, torbellinos de emociones abrumadoras, como adolescentes ruidosos saliendo del instituto. Justo en el momento en el que me deslizo bajo el frescor del edredón y apago la luz, se cuelan por el ojo de la puerta como una bruma pesada. Estas insufribles noches en vela son una de mis más incómodas costumbres desde que pasé de los cincuenta años. Yo diría que es un hábito casi tan penoso como el de odiar a mi hijo.
Hoy acudió puntual, junto con su también odiosa mujer, a celebrar mi 70 cumpleaños. Me atosigaron con decenas de alegres brindis con champaña, regalándome discursos eternos y empalagosos sobre los años que me quedan por vivir, y lo feliz que les hacía tenerme cerca. Y yo, mientras, me los imaginaba rezando porque estas fueran las últimas velas que soplara.
No puedo culpar a mi hijo de su falta de afecto sincero, y que sólo permanezca a mi lado para garantizar que su herencia se conserve intacta. Su actitud es sólo un reflejo de la mía. Nunca he podido amarlo. Tampoco amaba a su madre. Es más, su muerte fue un gran alivio. La presencia de ambos en mi vida era el alimento continuo de mi mayor miedo: ver pasar la vida como un canario en una jaula con la puerta abierta, cantando canciones alegres para deleite de los demás.
A pesar de esta sensación permanente de infelicidad, he podido engañar a casi todas las personas de mi alrededor. Creo que incluso a mi mujer. Es verdad que nunca fue muy avispada. Pero a un hijo… Aunque él nunca debe haberle puesto la etiqueta correcta, estoy seguro de que es consciente de mi falta total de cariño, y de que lo culpo de mi insatisfacción vital. Así que no me quejo de su hipocresía.
Por eso no pude evitar sonreír cuando, después de los postres, mi nuera, con mucho encanto, me espetó que por qué no me retiraba a uno de esos centros para mayores tan agradables, mientras su marido se hacía cargo desinteresadamente de la gestión de todos mis bienes. La retahíla continuó hasta volverse cansina y cuando los acompañaba a la salida empecé a arrepentirme de no haber rociado la ensalada con cianuro.

Me cambié de ropa después de una ligera ducha y me dirigí al ayuntamiento en taxi. Me abrió la puerta un conserje que me miró sorprendido y encontré sin ayuda el despacho que buscaba. Frente a la puerta del mismo me esperaban obedientes y sentados mis dos testigos, y junto a ellos un joven de tez oscura y grandes ojos verdes. “¿Todavía te quieres casar con este anciano?” Me respondió besando suavemente mis labios y me sentí vivo, como nunca en mis setenta años. Sabía que tampoco era sincero en su afecto, como mi hijo, pero al igual que en el caso de mi vástago me daba igual. Sólo quería terminar mis días sin tener que trasnochar cada noche por culpa de vivir una mentira. 

Daida Rodríguez.
Septiembre, 2015

EJERCICIO DE DESBLOQUEO: "DOS PALABRAS"

"Arroz" y "cristal"

Arroz. Lo único que realmente necesitaba del super. Arroz. Me daba igual la marca. Siempre compro Rocío, pero te hubiera perdonado que trajeras, no sé, Hacendado. Arroz. ¿Tan difícil era recordarlo? El domingo es el cumpleaños de mi madre. ¿Cómo quieres que haga la paella? Me dirás que veo mala intención donde no la hay, pero tú no soportas a mi madre. Sé bien cómo la miras, como si tuviera que disculparse por su falta de cultura, su forma de hablar… Arroz. Sólo necesito arroz, pero no tengo. Lo que sí hay en la bolsa es cerveza, aceite, tabaco, dos botes de espárragos riéndose de mí detrás del cristal. Sé que te parece una tontería. Una exageración mía de fácil solución. Coges el coche, regresas al super y traes todos los kilos de arroz que necesite. Pero para mí esto es un síntoma más de que yo y todo el mío carece de importancia. Y no me repliques que sólo eres el repartidor y que tu trabajo es traer lo que prepararon otros. Ahora seca esas lágrimas y ve a buscar mi arroz.


Al cerrarse la puerta frente a su nariz, Roberto sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón de su recién estrenado uniforme. Mientras se limpiaba los ojos, recordó cuando su madre le advertía de lo que pasaría si no acababa la ESO. Mañana iría a matricularse en la Escuela de Adultos.


Daida Rodríguez.
Octubre, 2015

LA ESCENA (II)



Falta de previsión

Cae la tarde en la playa de Las Teresitas. El aire cargado de calima se confunde con el fino polvo de arena. Dos figuras oscuras y corpulentas abandonan lentamente el agua. La de menor estatura avanza con dificultad. “Déjame que te ayude con la bombona, Rober”. “Ayúdame mejor a quitarme el neopreno, que no aguanto el dolor. Me cago en el erizo y en toda su familia”. Ambos se desprenden con lentitud del peso de sus espaldas, se descalzan y empiezan a forcejear con el neopreno. Un ruido llama su atención y miran, casi de forma sincronizada, hacia el frente. Un hombre y una mujer están tumbados semidesnudos sobre la arena. Se besan. Mientras son observados, ella se coloca sobre su acompañante. Una vez arriba gira la cabeza hacia los buceadores. Los tres se miran unos minutos en silencio. “¿Tienen un condón, chicos?”. “No”, responde Rober mientras señala con ambas manos su neopreno. Ella se vuelve hacia su pareja. “Vamos al puesto de Cruz Roja, Rober. Esa herida no tiene buena pinta”.


Daida Roríguez.
Noviembre, 2015