lunes, 22 de septiembre de 2008

Me gusta, no me gusta...

Me encanta ver la televisión, en especial todas las series, aunque no me gusta ver las noticias. Me encanta acariciar a mi perrita, me encanta abrazar a Alexander y no me gusta que me traten mal, no ser tomada en cuenta.
Me gusta oír la voz de mi mamá cuando hablo con ella pero me da pánico que fume. Adoro cómo cocina mi hermana pero no soporto el egoísmo.
Me gusta mucho el sabor y el olor del café sin embargo, no puedo con el sabor del hígado.
No me gusta hacer ejercicios, pero me encanta estar relajada y en paz.
Me encanta llevarme bien con mi marido y amigos, me encanta compartir. No soporto el chisme.
Me encanta sentir la energía positiva que me inspiran Mary, Cheché y Alexander. No soporto rodearme de gente que siempre piensa que todo está mal.
Me encanta que Alexander me haga reir y que siempre esté feliz. No me gusta que me impongan las cosas.
Me encanta hablar. No me gusta para nada sentir los hielos ni las bebidas frías: no me gusta el frío en la boca.


Vanessa Fontana
Septiembre 08

Las Brujas

Míralas cuidadosamente a los ojos, porque encontrarás fuego en el centro de cada ojo, donde normalmente hay pureza.

Si es una bruja, el cielo cambiará de color y verás flores marchitándose o verás un sapo bailando justo en el centro de ese punto. Te darán escalofríos por todo el cuerpo. En realidad, las brujas no son seres malvados. Parecen monstruos. Hablan como las cotorras y pueden actuar como las cabras. Pero, de hecho, son seres completamente diferentes. Son descuidadas, por eso tienen garras y cabello despeinado y por eso usan ese sombrero, todo lo cual tienen que disimular lo mejor que pueden delante de la gente de su pueblo.

Nunca puedes estar absolutamente seguro de si una mujer es malvada sólo con mirarla. Pero si lleva guantes, si tiene garras y los ojos lleno de fuego, su pelo es largo y despeinado y si, además, sus dientes están caídos, si tiene todas esas cosas, entonces, te hechizará.


Nelson Méndez
Septiembre 08

sábado, 20 de septiembre de 2008

Casa-corazón

Aquel lugar tenía la gracia especial que da la exuberante naturaleza. La casa estaba rodeada por un espeso bosque de árboles muy antiguos, perdida en las enormes montañas. Se mimetizaba perfectamente con el resto del paisaje. La casa respiraba por sí misma, no tenía la apariencia de algo inanimado. Esta casa tenía un corazón que latía con prisa, debido a la necesidad de adaptarse a las diferentes estaciones, que la apuraban, cada tres meses, a cambiar de aspecto y de color.Si bien sus paredes eran viejas y estaban cubiertas en su mayor parte por algo de humedad, su corazón viviente tenía el vigor de los robles milenarios que la rodeaban.El moho le hacía cosquillas en sus gastadas vigas en el otoño; los pinos oficiaban de abanicos particulares durante el verano. Mientras que el invierno, le ayudaba a contraer sus ruidosas bisagras, que, con los años y el calor, parecían aflojarse. La primavera penetraba en la casa no sólo con sus aires renovadores y cargados de vida, sino también con la infinidad de pajaritos, que se empeñaban en anidar a sus polluelos por todo el tejado. Y ni hablar de las flores que brotaban radiantes, con sus nuevos vestidos de temporada, sin disciplina, ni alineación. Pequeñas anárquicas, que brotaban por capricho donde mejor les parecía. La casa tenía un corazón tierno y sentía gran debilidad por estas presumidas invasoras: la casa adoraba la primavera. La vieja hechicera nunca pensó que la casa disfrutara tanto de su regalada vida. Aquello sólo fue uno de sus extravagantes experimentos porque nunca vivió en su interior. Ella decía que no era capaz de convivir con nadie, y menos con una casa, cuyo latir aturdía en todos los rincones con su “tuc-tuc” incesante.
A pesar de éso la casa no estaba sola. Le hacían compañía los elfos, duendes y hadas que salían de sus flores, árboles, lagos y madrigueras para jugar a ser humanos. Era muy divertidos verlos simulando tomar el té y reposar en sus aposentos, aunque todos ellos preferían la miel sorbida de los panales, el néctar de las flores y para descansar, una mullida hoja de helecho. Pero la casa era muy feliz observando a sus invitados, y hasta a veces, podía participar con el alma alborotada de emoción.

Luz Servodidio
Septiembre 08

Reloj-Estrella (Microcuento)

El reloj de la pared marca la hora en que la noche llega, donde se puede ver una estrella que ilumina el cielo oscuro hasta el infinito.


Vanessa Fontana
Septiembre 08

Me gusta, no me gusta...

Me gusta reír, hacer reír; pensar mucho y hablar poco; analizar y buscar sentido a lo que me dicen, a lo que veo o siento. No me gusta que me utilicen, no me gusta que me ataquen sin sentido. Tampoco me gustan la envidia ni las gambas.
Me encanta el sabor y el aroma de la vainilla y disfruto escuchando el silencio. Me gusta que me espere mi perro, me gusta mi bebé, me encanta decorar, escuchar consejos y darlos también... No me gusta que mi esposa me regañe aunque me gusta escuchar hablar a los demás. Me gusta la suavidad de la plastilina, me gusta que reconozcan mis logros y arroparme cuando hay frío. Disfruto con el frío.

No me gusta lo dulce, me gusta mi tatuaje, me gustan las motos (me gustan las motos). Me gusta oler.



Alexander Negrín

Septiembre 08

La Chica del rostro naranja

En el centro del salón siempre está, inmóvil, la chica del rostro naranja. Delgada y perfilada, nunca emite sonido pero, por sus labios solemnes, debe tener una voz aguda y cortante.

Desde su pedestal, observa lejana el taller de literatura, de igual manera debe observar el taller de pintura y a sus participantes. Si pudiera hablar, tendría millones de cuentos interesantes que contar.

Su mirada taciturna, su cabello corto y perfectamente peinado, su cuello recto y estirado… Nunca se me ocurriría invitarla a tomar unas cañas.

Todos los sábados la veré igual de fría e intocable, iluminada por la lámpara de colores que está sobre ella. Igual de naranja, igual de inmóvil.


Mary Garavito
Septiembre 08