domingo, 9 de noviembre de 2008

Microcuentos de Mary Garavito

Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigada decidí seguirme. Pero me detuve y reflexioné. Mejor dejo que, aunque sea esa parte de mí, tenga tiempo para estar sola.


La aguja en el pie.
La chica deseaba intensamente el espectacular anillo de su suegra. Tomando ventaja del delicado estado de salud de la anciana, decidió entrar silenciosamente en la habitación y robarlo. Con los pies descalzos, abrió la puerta lentamente y se acercó al cofre de plata donde guardaba las joyas. Justo antes de abrirlo, sintió el pinchazo en el pie de una aguja de coser que la vieja había dejado caer al suelo. Sin darle importancia, la joven completó su misión y salió de la habitación.
A la mañana siguiente la suegra observó desde su cama el cofre abierto y se levantó. Pero más extraños le parecieron los pequeños pies dibujados con sangre que se perdían por el pasillo.




Sin darse cuenta, se encontraba en medio de la calle: desorientado, despeinado y con un roto en el pantalón que dejaba al descubierto parte de su trasero.


Robo.
El caniche saltó hasta robarle el tabaco que tenía entre sus dedos. El niño se puso a llorar porque era su último cigarrito de chocolate.