viernes, 27 de marzo de 2009

Microrrelatos.

El dinosaurio
Estos sesenta millones de años han pasado en un suspiro.

El amnésico
Suena el despertador y Clive abre los ojos. Se incorpora, toma su diario y anota: «8:02. Despierto por primera vez ».

José Antonio Bustelo.

El punto de vista.

Es media tarde y Miriam pedalea por las calles con aire ausente. Se detiene ante el escaparate de una inmobiliaria y escudriña con atención los anuncios de los pisos en venta. Tiene que marcharse del lugar en donde vive y pronto.
-¿Dónde has estado? – le pregunta Javier
-Ya te lo dije –contestó Miriam-. Fui a ver pisos. Seguir viviendo contigo es un error y ambos lo sabemos.
-¡Qué tontería! Tú puedes hacer tu vida. Yo no voy a criticarte ni a meterme en lo que hagas. El error sería marcharte.
-¡Entiéndelo de una vez! –replica Miriam-. ¡Necesito vivir sola, y tú debes desligarte de mí lo antes posible!
El hermano de Miriam guarda silencio y desaparece de su vista. Miriam conecta el contestador automático y comprueba que le han dejado un mensaje. Por fin le ofrecen un piso céntrico y a un precio aceptable. Coge su bolso y sale a toda prisa.
A Miriam le agrada y le vendrá bien este cambio de aires. Al dirigirse hacia la cocina, oye la voz de su hermano que quizá salga de la pared. O quizá de su mente.
-Soy yo, Miriam. ¿Me perdonas?

José Antonio Bustelo

Claridad.

La fiesta está realmente concurrida. Puedo reconocer a celebridades en cualquier rincón al que dirija la vista. La rigurosa etiqueta de todos los invitados armoniza con la decoración de esta elegante sala.
Las atenciones de los camareros resultan abrumadoras. Dotados de un ojo entrenado para detectar entre la muchedumbre, manos vacantes a las que ofrecer burbujeantes copas de champaña.
El anfitrión charla distendidamente con todos. Debo reconocer que tiene su encanto. Observo que deposita su copa sobre una mesa repleta de sabrosos bocados, y se dirige hacia la salida para despedir a los que se marchan. Es una suerte que su bebida favorita sea el Amaretto, ideal para camuflar el sabor a almendras amargas del cianuro.
Me dirijo hacia el guardarropa y retiro mi abrigo. Ya fuera de la mansión, paseo bajo una noche despejada. Sentados en un banco de la avenida, dormitando, se encuentran un anciano y su perro. Se despiertan sobresaltados por la sirena de una ambulancia que se dirige hacia la fiesta. Debo evitar trasnochar tan a menudo. Siempre termino metiéndome en problemas.

José Antonio Bustelo