viernes, 25 de junio de 2010

MONOGRÁFICO DE MICRORRELATOS


Todos los sábados de julio tendrá lugar en nuestro Taller un monográfico sobre Microficción y Microrrelatos. De 10:30 a 12:30 horas. El precio de cada sesión es de 12€. ¡Anímate y participa!
Contacta en tallerliterariooloramar08@gmail.com

martes, 8 de junio de 2010

CONCURSO DE MICRORRELATOS DEL CORTE INGLÉS


Fallo del concurso de microrrelatos, convocado por el Ámbito Cultural de El Corte Inglés. 3º y 4º premios, Faina y Javier, participantes de nuestro Taller de Escritura.


miércoles, 2 de junio de 2010

CREACIÓN DE UNA ESCENA

Pablo encendió su portátil, resoplando, con intención de ponerse a trabajar. Rebuscó en sus bolsillos para sacar su memoria usb, pero no la encontró. Sabía que la había puesto allí al salir del trabajo así que tenía que habérsele caído por el camino. Entonces recordó que había tirado la caja de tabaco en la papelera de la esquina y bajó corriendo.

Allí estaba el barrendero, Artemio, un señor mayor con pinta de estar ya en la edad de jubilación.

―Perdone ―dijo Pablo ―¿Ha visto usted una memoria por aquí?

―¿Una memoria? ―contestó extrañado Artemio― ¿se refiere a la suya?

―¡Sí!.¿La ha visto? ―preguntó Pablo.

―Lo siento, me temo que no.¿Ha intentado pedirle ayuda al médico? ―Artemio miraba compasivamente al joven. Él no podía quejarse, gozaba de buena salud y su estado mental no se había deteriorado con la edad, sin embargo, aquel pobre chico, que no podía tener más de veinticinco años, creía que sus recuerdos estaban metidos en un basurero…

―¿Al médico?¿Y por qué iba a preguntarle al médico?¿Lo ha visto por aquí cogiendo algo de esta papelera? ―preguntó el joven.

―Ehhh... ― Artemio no sabía que contestar. Pensó que si le decía verdad, no podría ayudar al pobre chico, pero que quizás, si le decía que sí y lo enviaba a hablar con el médico, éste se daría cuenta de que estaba majareta y le recetaría algo. ―Sí ―afirmó vehementemente. ―El médico estuvo por hace un rato por aquí, rebuscando en la basura, y se llevó dos sacos cargados de cosas. Estoy seguro que su memoria estaría en alguno de ellos…―

―¡Ah, ya!―Entonces cayó en la cuenta. Aquel pobre viejo no debía estar bien de la cabeza―. Iré a hablar con él entonces―respondió Pablo, siguiéndole el juego.

Tras la conversación, Pablo se marchó a casa y no volvió a pensar en el barrendero, estaba preocupado por lo que le diría a su jefe. Artemio, sin embargo, tuvo un buen día, y al terminar su jornada de trabajo pasó por la floristería y le compró unas flores a su esposa.
Lana Drown
Mayo, 2010