martes, 26 de julio de 2011

ME GUSTA, NO ME GUSTA... (Ejercicio de desbloqueo)

Me gusta quitar las pestañas que caen sobre las mejillas de las mujeres y pedir un deseo juntando los dedos pulgares. Aunque prefiero que sean ellas quienes ganen. Disfruto de un atardecer en la Geria y su luna, para después llegar a casa cuando llega la noche y darme un baño de agua caliente: me encanta tomarme el tiempo que haga falta y no me gusta que mi madre me interrumpa para decirme que debemos ahorrar agua. Me gusta, después del baño, vestirme y salir por ahí con los amigos aunque aborrezco que haya gente que beba en exceso y se formen peleas y problemas. Me gusta tomarme un vaso de leche fría y acostarme después. No me gusta dormir durante el día por eso muchas veces me voy a la playa después de la fiesta, o al monte a patear: soy mucho de darle caña al cuerpo y disfruto de los paseos al amanecer cuando el rocío te pega en la cara y aún está la ciudad dormida.

Me encanta hacer todo el deporte que quiero, sin asfixiarme ni cansarme como antes por culpa del tabaco. De hecho, ahora no me gusta nada fumar, prefiero tomar un zumo de frutas bien fresquito o una golosina. Me encanta estar ocupado todo el día y disfruto de cada cosa que hago: pintar con la vecina mientras escuchamos buena música o practicar taichí en donde sea.

Y allá donde voy, llevo mi libreta con mis relatos y un bolígrafo porque, si hay algo que me gusta de verdad, es cuando llega la inspiración y, me encuentre donde me encuentre, empiezo a escribir y ya nada me puede parar hasta que no veo el relato terminado y es entonces cuando pido la cuenta en el bar al que me gusta tanto ir -por la camarera, que me encanta- y me voy con la satisfacción de haber escrito algo que, me guste o no me guste, es lo que hay dentro de mí.


Enrique García

Julio, 2011

LLEGÓ LA HORA (MICRORRELATO)

Llegó la hora

Roberto sudaba, se agitaba en la consulta. “Sr. Escamilla oyó. Se levantó bruscamente, tragó saliva y contestó con un “yo” casi inaudible. La enfermera le dijo que pasara.

—Buenos días Roberto. Siéntese, ya tengo su tratamiento.

—Menos mal, creí que no tenía cura.

—No se preocupe hombre, todo tiene solución.

—Dígame doctor ¿qué debo hacer?

—Nada: dejarse morir.

—¿No hay otra solución?

—No. Es lo más recomendado en estos casos.

Se levantó tembloroso, “lo haré”. El doctor lo acompañó a la puerta, mientras le daba palmitas en la espalda y le dijo: “muy bien, muy bien… ¿Ve? como le dije, todo tiene solución.”

Piedad Hernández Bilbao

Julio, 2011

sábado, 2 de julio de 2011

ARRANCAMOS DE NUEVO

Hoy, sábado 2 de julio, arrancamos con la séptima edición del Taller. Hay mucha ilusión y ganas. Comienza el viaje...