Me gusta quitar las pestañas que caen sobre las mejillas de las mujeres y pedir un deseo juntando los dedos pulgares. Aunque prefiero que sean ellas quienes ganen. Disfruto de un atardecer en la Geria y su luna, para después llegar a casa cuando llega la noche y darme un baño de agua caliente: me encanta tomarme el tiempo que haga falta y no me gusta que mi madre me interrumpa para decirme que debemos ahorrar agua. Me gusta, después del baño, vestirme y salir por ahí con los amigos aunque aborrezco que haya gente que beba en exceso y se formen peleas y problemas. Me gusta tomarme un vaso de leche fría y acostarme después. No me gusta dormir durante el día por eso muchas veces me voy a la playa después de la fiesta, o al monte a patear: soy mucho de darle caña al cuerpo y disfruto de los paseos al amanecer cuando el rocío te pega en la cara y aún está la ciudad dormida.
Me encanta hacer todo el deporte que quiero, sin asfixiarme ni cansarme como antes por culpa del tabaco. De hecho, ahora no me gusta nada fumar, prefiero tomar un zumo de frutas bien fresquito o una golosina. Me encanta estar ocupado todo el día y disfruto de cada cosa que hago: pintar con la vecina mientras escuchamos buena música o practicar taichí en donde sea.
Y allá donde voy, llevo mi libreta con mis relatos y un bolígrafo porque, si hay algo que me gusta de verdad, es cuando llega la inspiración y, me encuentre donde me encuentre, empiezo a escribir y ya nada me puede parar hasta que no veo el relato terminado y es entonces cuando pido la cuenta en el bar al que me gusta tanto ir -por la camarera, que me encanta- y me voy con la satisfacción de haber escrito algo que, me guste o no me guste, es lo que hay dentro de mí.
Enrique García
Julio, 2011




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