lunes, 15 de agosto de 2011

CAMPANARIO (Micro relato)

Mi habitación del hotel en Kranjska Gora daba a su lado. El reloj de la iglesia marcaba los cuartos con un din-don; las medias con un din-don-din-don; los tres cuartos, din-don-din-don-din-don y las en punto con un din-don-din-don-din-don-din-don. Por supuesto, a continuación, el número correspondiente a la hora.
La primera noche no dormí muy bien.

Marta Matamala
Agosto, 2011

sábado, 13 de agosto de 2011

RETRATO LITERARIO

Conocedora y desenvuelta entre tizas y pupitres de docencia, es una mujer de rostro jovial y risueño, respetuosa debido a su carácter verdadero, madura y comprometida en no dar malos ejemplos y sí buenos consejos. A su figura de complexión delgada y estatura media y elegante, le distingue un discreto y marcado vestuario actual. Tiene unos pronunciados carrillos junto a sus ojos divertidos que armonizan con un aspecto sano y de corazón alegre.

Siempre buena administradora en el encargo de su tiempo, a veces, cuando me habla, sus palabras emergen firmes irradiando actividad eléctrica en mi interior. Instalada en su realidad, deja que permanezcas junta a ella, suscitando amor ideal y desinteresado. Y esto me produce un sentimiento diferente.

Ricardo Cofré

Agosto, 2011

PUBERTAD AL VIENTO (Narrador omnisciente: protagonista)

Mis recuerdos me trasladan a años atrás. Por aquel entonces era un adolescente con unas intensas ganas de vivir experiencias cargadas de libertad. Era mi primer viaje, dejaba atrás amigos y familia para recorrer un largo viaje. Visité hermosos lugares a lo largo del país, los medios de locomoción eran viejos y destartalados pero muy divertidos. Los lugareños eran muy simpáticos y hospitalarios, tanto, que alguna vez me dejaron dormir en sus hogares.

El retrato de un paisaje con casas fabricadas de barro y cocinas humeantes por el fuego de leña, hacía sentirme un nativo más. Me quedé por más tiempo en un pueblo cercano a la cordillera, era verano pero temperatura era ligeramente fresca y un día decidí aventurarme por aquel lugar salvaje y remoto. Ya anochecía, pero ni siquiera encendí la linterna, quería experimentar un lugar sin edificios ni calles, sin alumbrado ni semáforos, incluso el ruidoso tránsito de vehículos.

Fue diferente: aquella noche me di cuenta de lo que era el planeta. Al volver tenía un hambre de lobo y sorprendentemente, había estofado de cordero. Con el estómago lleno y después de un día agotador, me metí en la cama de un salto y me quedé frito. Aquel catre con una base de paja y gruesas mantas elaboradas con lana de oveja me había entumecido todo el cuerpo. Me desperté temprano, no había absolutamente nadie excepto la señora de la casa.

Habían pasado tres días desde la última vez que mi cuerpo había acariciado el agua, en un riachuelo cercano de un agua cristalina y mientras se calentaba un enorme caldero, me quitaba la ropa. En aquel momento, me sentía osado: estar en aquel lugar tan natural y casi inexplorado era maravilloso. Paseé desnudo durante horas, quería sentirme libre como el viento. Era increíble andar por aquellas montañas y no sentir frío, aunque estuviese en pelotas.

No molestaba a nadie. Sabía que este viaje no lo hace la mayoría de la gente y quería sentirme que podía realizarlo por mí mismo.

Ricardo Cofré
Agosto, 2011