Mi habitación del hotel en Kranjska Gora daba a su lado. El reloj de la iglesia marcaba los cuartos con un din-don; las medias con un din-don-din-don; los tres cuartos, din-don-din-don-din-don y las en punto con un din-don-din-don-din-don-din-don. Por supuesto, a continuación, el número correspondiente a la hora. La primera noche no dormí muy bien.
Marta Matamala
Agosto, 2011
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