Me sorprendió de repente al doblar una esquina: casi consiguió magullarme. Sin duda me perseguía, pero yo intentaba mantener la calma. De improviso, salí corriendo despavorida. Se acercaba cada vez más, me acariciaba, me agitaba, no conseguía deshacerme de él. Lo tenía tan encima de mí, que casi me arranca el vestido de Hacendado.
Ricardo Cofré
Agosto, 2011




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