domingo, 18 de noviembre de 2012

EJERCICIO DE DESBLOQUEO

No me gustan los vocablos extranjeros. Las truchas criadas con pienso, ni las gallinas ponederas que no cantan. Los libros que prometen una buena historia y se quedan en agua de borrajas. No me gusta tener que callar: “señor mío: esto es una bonita estafa”. 

No me gustan los perros con lazos, chubasquero o chaquetita escotada. Ni los hombres borrachos a primera hora de la mañana. Tampoco los que siembran el suelo de viscosos lapos como si fueran papas.

No me gusta la gente sin criterio propio, el artista que es un zafio, el pelo ajeno en el lavabo, o la colonia dulzona en el ascensor a primera hora de la mañana.

No me gusta la mentira piadosa, la vieja rezadora, el joven prepotente, ni el de edad media desencantada. La axila mal oliente a la altura de mi nariz, el grosero que no responde a los buenos días o el desconocido que pide prestado un cigarrillo. El camarero mudo a mis espaldas con su paletita siempre lista para recoger la migaja del pan que no como.

No me gusta pisar mierda y sembrarla en cada paso que doy, ni tener que echar la mano a esos zapatos para limpiarlos antes de entrar en casa. Ni la mosca cojonera que viene a la hora de la siesta.

No me gustan las visitas al medio día, ni ir al cine por la mañana, un estanque sin patos, ni los que van con prisas a comprar el pescado y te lían, se cuelan, o te atropellan con el carro. Tampoco me gusta el café cargado, los paraguas negros, la espuma en la leche, los pies mojados dentro de los zapatos, ni el cola-cao azucarado.

Alicia Floranes
Noviembre, 2012

COMIENZA LA IX EDICIÓN DEL TALLER

Ya estamos en marcha. Si quieres unirte a nosotros en esta nueva edición, aún estás a tiempo: 

Taller de Arte y Sala de Exposiciones "olorAMAR"
C/ Fernando Primo de Rivera, 4.

Sábados de 10:30 a 12:30 horas.



jueves, 15 de noviembre de 2012

LLUVIA

A lo largo de media hora van llegando al restaurante, no han quedado con nadie y comerán solos. Pero según van llegando se saludan cortesmente. Hablan del trabajo, de las dificultades actuales, de la presión, de las horas en la oficina, de los jefes... Sólo hay una cosa que los distingue a unos de otros y permite saber en qué banco trabajan: los paraguas.



Marta Matamala
Noviembre, 2012