viernes, 7 de diciembre de 2012

DESCRIPCIÓN DE SENSACIONES ("ANTES DE DESPERTAR")


        “Titi, titi, titi”. La alarma llenó el entorno soñador y oscuro.  Insistente el aparato logró que sacara estúpidamente y tanteando con dos dedos de la mano por la mesilla hasta encontrar el teléfono. Busco el botón de apagado y lo pulsó en el momento que se le cayó de la mano.


            El silencio volvió a llenar la habitación, los oídos casi dolieron con el descanso después del molesto ruido.

Debió cerrar la ventana la noche anterior, sabía qué pasaría y no lo hizo. El negro del piso bajo tampoco estaba despierto al cien por cien… No, no: no lo estaba. La puntería tampoco. El chorro iba de lado en lado, lo oía en la oreja misma; era inacabable, eterno.

El calorcito placentero que subía desde los pies, era un verdadero deleite. Le pareció sentir miles de montañitas en la piel: era una gallina que picoteaba entre la yerba y no el loro del vecino que le saludaba.  

Los pasos de las chanclas de la vecina de arriba, que iban en dirección al baño, le agarrotaron las manos con las ganas de apretarle el cogote. Sí. Se lo apretaría sin más.

Su piel ahora era tibia y lisa, un picor en el muslo le obligó a bajar la mano y pasarla por la superficie carnosa. Se masajeó de abajo a arriba con ligera complacencia, el picor había desaparecido; pero no podía dejar a medias el masajearse, siguió en ello hasta que la mano se quedó muerta al costado y se le cerraron definitivamente los ojos.

El despertador  no  suena…¡Joder!  Tenía que abrir los ojos… Levantarse, hummm... El derecho se abrió una pizca, no era de día todavía. Estiró el cuerpo y una sensación agradable le recorrió en todo el largo.

Abrió y cerró la boca, la mojó y reconoció sus sabores,  había dormido con ella abierta,  debe cepillarse. 

El aroma del café de la vecina de arriba se filtró de forma sigilosa y poco prudente llegándole a la nariz,  la saliva inundó la boca.

No saltó  pero se arrimó de lleno a la vida, en el preciso instante en que decidió poner los pies dentro de las chanclas y salir tras el gato que maullaba insistentemente.

Ya  fue consciente de que comenzaba la batalla de los martes: seguir o amotinarse  era la cuestión. La batalla reciente había acabado.

Sergio Moreno
Noviembre, 2012

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