miércoles, 16 de octubre de 2013

CARACORTADA



Me la volví a encontrar.

Receptiva como siempre, sin uno solo de sus cabellos en su lugar. Había vuelto a engordar algo y allí estaba: con su pecho voluptuoso, el que siempre detestó; su meneo inevitablemente sensual. En la cara llevaba tatuados, también como siempre, todos y cada uno de sus pensamientos.

Comencé a leer a Caratatuada.

En la frente llevaba varias preocupaciones, unas relacionadas con la salud (“un quiste en el pecho y un electro que me obliga a ir al cardiólogo… Unos simples mareíllos al nadar, que me envían al neurólogo y una analítica con resultados tan delicados que han decidido repetírmela, no sea errónea...”) Y algunas cosas más, que ella no querría que te contara. El rotundo deseo de que todo quedara en un simple susto.
También estaba subrayada ya por causas económicas que amenazaban con destruir su castillo, su sueño precioso, por el que tantísimos años luchó. 
Pero, lo más evidente en aquel "dibujo escrito", eran sin duda, un par de preguntas como puñales: “¿dónde está el amor?, ¿dónde están los amigos?”


Natalia Villa
Octubre, 2013

viernes, 8 de marzo de 2013

DESCRIPCIÓN


DESCRIPCIÓN
Yo conduzco. Ella, a mi lado, mira por la ventana.  Mi vista se centra en la carretera, de reojo presiento su estado. Ha subido al coche enfadada, en su frente aparecen líneas profundas como preparadas para una cosecha de rayos y truenos. Prefiero callar, su adolescencia se impone por lo que es mejor crear en ese espacio pequeño un respeto a sus hormonas. 
A través de los quilómetros (años-luz para mí) empieza a abandonarse, su largo y estrecho cuerpo cede a la distensión. Todavía no ha sido capaz, sin embargo, de mirarme a los ojos, su reconciliación empieza a través de los árboles, casas y polígonos. Baja la luna de su puerta y entra un aire diferente que repeina su boscoso pelo,  revoloteando feliz.
Sé que se mira en el retrovisor externo y se odia. Esta nariz que no le gusta por ser demasiado larga o demasiado estrecha o porque un grano le habita desde ayer por la noche; no ama las orejas de genética paterna, deseosa de una intervención que no llegará -“es lo que hay-” y dejar su complejo de dumbo;  cuello que gira atento a lo que sucede en su entorno: un cisne, digo, una jirafa, responde. Y su mirada, que hoy es oscura, le parece tan ordinaria, si al menos  fueran verdes o azules como los ojos de su compañera de mesa porque ella sí que gusta.
El largo cuerpo arqueado, se encoge y cobija hacia sí, con la esperanza de fundirse en el asiento. Un resorte, sus piernas que no están cómodas en el pequeño turismo, dentro de mí hace que sienta pena por ella. No quiero seguir manteniendo el silencio roto por el aire de la velocidad. “Hija ¿estás bien?” 
Llora, suelta sin reparo lágrimas reprimidas de hace un siglo, cuando se sentó en el coche a la salida del instituto. Busco un buen sitio y paro el motor. Ahora, de frente, contemplo el diluvio que atraviesa su cara imperfecta y bonita. Qué bella cuando llora.
Hoy le ha tocado la lucha contra la tristeza. Y creo que ha ganado cuando siento sus brazos rodeando mi cuerpo.

Prepositiva
Noviembre,  2012

domingo, 27 de enero de 2013

viernes, 25 de enero de 2013

RELATO PARCIALMENTE BIOGRÁFICO

No había una sola brisa. La luz de luna brillaba sobre el blanco de la cordillera. El agua tibia acariciaba mis pies pequeños y regordetes, venía de una atarjea repartidora. Hacía más de seis horas que mi mamita había recibido el anuncio de que le tocaba regadío aquel día. Eran las diez y media de la noche: ¡por fin! 

El maíz estaba a punto de terminar la maduración, las plantas eran enormes, tanto que había que mirarlas hacia lo alto, brillaban con la luz de plata contra el negro intenso del invisible cielo.

Corro delante del agua que ha llegado sin anunciarse y grito.

— ¡Mamita! ¡Cambia de surco!

Seguidamente, se repiten mis carreras delante del agua silenciosa.

Sergio Moreno
Enero, 2013

VERSIONES

Sergio Moreno, porque es un hombre tenaz, por su cuna y porque se reta continuamente, nos ha hecho un favor: ha conseguido despojar del exceso retórico, del lenguaje criollista de un joven Borges en el siguiente fragmento de su obra El tamaño de mi esperanza. Sergio, usando su propia voz que disminuye el volumen del relato, nos ha facilitado la comprensión del mismo sea inmediata. 

Fragmento original: 

Hace ya más de medio siglo que un paisano porteño, jinete de un caballo color de aurora y como engrandecido por el brillo de su apero chapiao, se apeó contra una de las toscas del bajo y vio salir de las leoninas aguas (la adjetivación es tuya, Lugones) a un oscuro jinete llamado solamente Anastasio el Pollo, y que fue tal vez su vecino en el antiyer de ese ayer. Se abrazaron entrambos y el overo rosao del uno se rascó una oreja en la clin del pingo del otro, gesto que fue la selladura y reflejo del abrazo de sus patrones. Los cuales se sentaron en el pasto, al amor del cielo y del río y conversaron sueltamente y el gaucho que salió de las aguas dijo un cuento maravilloso.

"El tamaño de mi esperanza"
Jorge Luis Borges

Versión de Sergio Moreno:

El mago del norte del puerto de Buenos Aires montaba en un caballo color gris azulado, agigantado por el brillo de los aperos adornados con filas de relucientes metales. Desmontó sobre una piedra tosca en la zona más baja del río turbulento de donde vio aparecer a un ex-vecino de remoto pasado, Anastasio El Pollo. Ambos se abrazaron.
Detrás, el caballo canelo rosa, se rascaba una oreja en las crines del otro de color aurora. Este gesto sellaba la gran amistad y reflejaba el tiempo de la de sus amos, que se sentaron en la hierba, al arrullo del río y la brisa del campo, conversando desenvuelta y alegremente.
El mago que salió del río contó la historia de su vida desde el último momento en que se habían visto.

NATURALIDAD: EL ESTILO

— Quiero una relación sin mayores problemas, que no influya en tu vida ni en la mía. Me gustas y ya está —dijo Emma.

Me sorprendió y descolocó la claridad de su planteamiento: la imaginaba mucho más sentimental. Siguió. 

— Además solo yo puedo hablar mal de mi marido, no quiero que lo hagas tú.

Sergio Moreno
Enero, 2013