miércoles, 16 de octubre de 2013

CARACORTADA



Me la volví a encontrar.

Receptiva como siempre, sin uno solo de sus cabellos en su lugar. Había vuelto a engordar algo y allí estaba: con su pecho voluptuoso, el que siempre detestó; su meneo inevitablemente sensual. En la cara llevaba tatuados, también como siempre, todos y cada uno de sus pensamientos.

Comencé a leer a Caratatuada.

En la frente llevaba varias preocupaciones, unas relacionadas con la salud (“un quiste en el pecho y un electro que me obliga a ir al cardiólogo… Unos simples mareíllos al nadar, que me envían al neurólogo y una analítica con resultados tan delicados que han decidido repetírmela, no sea errónea...”) Y algunas cosas más, que ella no querría que te contara. El rotundo deseo de que todo quedara en un simple susto.
También estaba subrayada ya por causas económicas que amenazaban con destruir su castillo, su sueño precioso, por el que tantísimos años luchó. 
Pero, lo más evidente en aquel "dibujo escrito", eran sin duda, un par de preguntas como puñales: “¿dónde está el amor?, ¿dónde están los amigos?”


Natalia Villa
Octubre, 2013