sábado, 12 de diciembre de 2015

EMPEZAR CON UN FINAL - "EL TAMAÑO REAL"



    En el Patio de las Bouganvillas, dos hombres y una mujer comparten jarras de limonada fresca y conversación.

    La dama se abanica con firmeza, pero ni su porte regio consigue que las gotas de sudor le condonen el martirio. Ella se excusa y en un revuelo de enaguas que rozan el suelo, se retira a descansar. El ceño de su marido revela el arraigado desprecio que siente por ella. 

   Así pues, quedan solos los hombres, Francisco de Borja Álvarez de Toledo Osorio, Duque de Medina Sidonia y su amigo Fernando, cuando el criado anuncia la visita de un tercero.

    —El Barón Karl Von Draiss solicita ser recibido, Señor.

    Y la algarabía que le precede, delata los gustos de Francisco.

   —¡Maravilloso!—exclama excitado —¡Verás, Fernando, cuáles son sus artes y cuán sorprendentes resultarán a tus oídos! Descuida, guardaremos tu secreto y así el encuentro será más provechoso. 

   Un hombre joven de plácidas maneras, entra en escena y el afecto que el anfitrión le profesa queda en evidencia. Fernando receloso y socarrón, escucha los relatos de ambos sin demasiado interés. Su pie derecho repiquetea en el suelo con insistencia, mientras el Barón, que resulta ser inventor de profesión, se deleita contando las excelencias de lo que ha dado en llamar “La Draissina”: Un velocípedo de dos ruedas, manillar, pedal y sillín con el que un hombre por su propio impulso alcanza el mismo paso que un coche de caballos. El Barón afirma recorrer con ella Europa en su carruaje por pura diversión. Es entonces cuando a Fernando le brillan los ojos y su carácter imperativo le obliga a hacerse con tal invento. Tras una corta negociación, a cambio de un buen bolsón de maravedís de oro, el velocípedo es suyo.

    Pasan los días aprendiendo a montar el invento y los tres hombres van desde el Palacio del Duque a las Playas del Santo Espíritu, y de las Playas del Santo Espíritu al Palacio.

  El Duque muestra una facilidad innata para dominar el artefacto, pero a Fernando se le resiste tal hazaña. Una semana más tarde, el hombre incapaz, hace el camino en solitario mientras la desesperación se le mete en las entrañas. La hinchazón es cada vez mayor y el dolor insoportable. La estúpida de su mujer había osado insinuarle que su malformación le dificultaría el asunto y al recordarlo, se le inunda la cara de cólera.

   Sería el hazmerreír de la Corte si el motivo de su incapacidad para montar aquel invento traspasara las fronteras de Medina Sidonia.

  Una vez más era su deformidad la que le impedía disfrutar. Por algo le llamaban sus súbditos, Felón.



    El día de su cumpleaños, Fernando tiró la bicicleta por el acantilado.

Victoria Castellanos
Noviembre, 2015

MICROFICCIÓN - "EL APERITIVO"


              Aquel arenal era el lugar perfecto para que sus tiernas crías crecieran sanas y felices: Una gran comunidad que los protegía y cuidaba, y al mismo tiempo, les ofrecía todo aquello que necesitaban para desarrollarse y llegar a ser adultos. Pero justo a las tres semanas de haberse formado, una de ellas, empezó a no sentirse a gusto, sentía que aquel no era su sitio. Quería algo más moderno, más industrial. 

            A pesar de la negativa de sus progenitores, se desprendió de su concha como si se desprendiera de su pasado y se marchó a vivir a uno de aquellos apartamentos compartidos, de estructura metálica, que tanto fascinaban a los jóvenes berberechos rebeldes.

             Su aventura de libertad y rebelión acabó en un charco de limón.


Miguel Martín Gutiérrez
Noviembre, 2015


JUGANDO CON LA ESCRITURA: SÍMIL . "UN DÍA"

           

Cuando me despierto para ir a trabajar soy como un ombligo, un agujero arrugado, oscuro, enterrado bajo el edredón.



Si descubro que es sábado y no es necesario levantarse temprano soy como un beso cálido y agradecido. 



Mientras me muevo por mi enorme Instituto soy como un logotipo porque mido metro ochenta, me gusta vestir con colores llamativos, y los orientadores siempre tenemos un foco encima, aunque no queramos. 



Ahora, si me cruzo por las pasillos con la Inspectora soy como un sepulcro, que trata de pasar desapercibido en el cementerio cubierto por una lápida común, una frase típica y unas flores convencionales. 



Suelo evadirme si me aburren las conversaciones y me convierto en uno de esos botones que luchan por descoserse de la rebeca, perderse y ver mundo. 



En vicio me vuelvo cuando se me presenta una ocasión para juzgar a los demás a través de la ironía y el sarcasmo. Cuántas veces me muerdo la lengua a lo largo del día. Y cuánto me divierto con mi pensamiento. 



Por la tarde, suelo ir al gimnasio para someter mi cuerpo a formas de torturas ideadas por veinteañeros. Pues bien, cuando salgo de estas clases me quedo como una porción de chicharrón, es decir, como un cacho de “residuo que queda después de derretir la grasa del cerdo o de otros animales”. 


Por último, por las noches a veces hablo con mi madre. Para ella, yo sería la llanta protegida por el neumático que es mi hermana. Con ella llora, se queja, se enfada y a mí me habla de gatos.

Daida Rodríguez Barrios
Diciembre, 2015

FOCALIZADOR: DESDE DÓNDE CONTAMOS - "MALENTENDIDO"




            Carlota y sus amigas, de no menos de treinta, se mueven dando botes entre velos de colores y penes de goma. Armadas con vasos de tubo, han tomado el centro de la pista de la discoteca. Justo al escuchar los primeros acordes de una de esas canciones, que sólo cobran sentido cuando puedes bailarlas en grupo, con una coreografía establecida. Aunque lleva un rato luchando contra su fisiología, ésta está a punto de ganar la batalla; así que Carlota se aleja del grupo con dificultad. En la puerta del servicio encuentra a un hombre de semblante serio. “ Un sitio extraño para un portero”, piensa. Ya dentro trata de sortear, sin mucho éxito, los charcos que cubren de forma desigual el suelo. Alguien llama su atención, alguien que llora bajo el lavabo. Cuando se acerca, ve que es una joven, con el rostro embadurnado de maquillaje y sangre. Carlota la ayuda a levantarse con muchos problemas, ya que las dos calzan unos taconazos de los que deforman hasta la última cervical. Con palabras cariñosas la invita a lavarse la cara, pero se da cuenta de que la joven no habla español. A medida que se aclara sus rasgos con el agua, más niña le parece. A Carlota algo le presiona el pecho. Es ese sentimiento que se nos despierta con el sufrimiento del más débil. Y entonces lo ve claro: una menor, muy blanca, muy rubia. En aquel programa de la tele (ahora no recuerda su nombre) hablaban de casos como éste. Carlota siente ganas de abrazar a la joven y llorar juntas. “¿Qué puedo hacer?”, dice en voz alta. Entonces agarra con fuerza la mano de su protegida y la obliga a dirigirse con ella a la salida. “Sólo tenemos que llegar hasta mis amigas”. 

          ¿Qué extraña costumbre española es esta? Mujeres borrachas con penes en la cabeza. Como tenga que volverlas a ver paseando a ese muñeco hinchable, lo desinflo a patadas. Oh, Díos mío. Ahí se acerca una de ellas. Menos mal. Sólo quiere ir al baño. Harto de esperar pegado a esta puerta. ¿Por qué tarda tanto Sharon? Claro, sabe que estoy planeando formas de tortura. En cuanto lleguemos al hotel nada de móvil, nada de piscina… Esa niña mal criada va a pasar el resto de las vacaciones castigada ¡y el resto de su vida! Escaparse con ese grupo de mocosos alemanes a una discoteca... Cada vez que lo pienso me dan ganas de pisotearle el Ipad. Y encima, me monta el numerito de la hemorragia de nariz. 

         ¡Por fin! Pero, ¿y esta loca? ¿Por qué me grita? ¡No la entiendo! ¿Y a dónde va con mi hija? 

—¡Sharon! ¡Sharon!


       En serio, niña. Cuándo te vi aparecer con aquella chica me entró una mosca… Pero ni loca me hubiera imaginado lo que iba a pasar. 

        Hacía nada que habías entrado a la pista de la discoteca con las demás (¡cómo te gusta una fiestuqui!: Eres capaz de convertir una salida para ir a la Romería de San Marcos en una escapada a Las Verónicas). Pero enseguida te vi irte al baño, dando codazos y manteniendo el equilibrio con esos zapatos que yo ni muerta me pongo. Y a la vuelta, vienes con esa niña rubia y nos ordenas a Raquel y a mí que te sigamos. Y aquel guiri gritando detrás de ti y tú “¡Ni caso, no le hagan ni caso!”. Entonces, nos encierras en aquel cuarto detrás de la barra, y le pides al camarero -flipando- que llamara a la policía. Luego, te pusiste a hablarnos, pero no hilabas una palabra a derechas ¿no te acuerdas? Yo nunca te había visto tan nerviosa. Que si tráfico de mujeres, que si la niña lloraba en el baño, que si Raquel háblale en inglés que tú tienes el B2, que si la televisión, que si un proxeneta cabrón, que si maquillaje y sangre, que si Marta tú sabes de esto que trabajas para unos abogados, que si los países del Este... Y cada vez gritabas más y más. Y cada vez te ponías más y más roja. Como un pimiento, chica. Y Raquel y yo como en shock, la niña llorando y el guiri, venga a golpear la puerta.

        Chica, qué rollo. Bueno, mis compañeros del despacho están intentando que el americano no te denuncie. Pero dicen que esto es grave, Carlota.

Daida Rodríguez Barrios
Noviembre, 2015

sábado, 5 de diciembre de 2015

EMPEZAR DESDE EL FINAL: FERNANDO Y SU BICICLETA

       Sucedió de repente, un arrebato de locura que llegó sin avisar. Se vistió apresuradamente y salió a la calle, no sin antes meter a aquel maldito trasto en la parte trasera de su furgoneta. 

       Muchas habían sido las veces que había pensado en deshacerse de él, pero al final siempre le ganaba aquella maldita vocecilla interior que le repetía una y otra vez te arrepentirás, te arrepentirás...

       Pero hoy sabía perfectamente que no se arrepentiría. Hoy, por fin, pudo ganar la batalla a su conciencia. Hoy pondría fin a años de angustia y rabia, y mandaría a la mierda a aquel maldito recuerdo de su infancia, que no hacía otra cosa que traerle a la memoria la imagen de la persona que más odiaba y despreciaba. 

       Cuando llegó a lo alto del acantilado, bajó de la furgoneta, abrió la puerta trasera y sacó con rabia aquella vieja bicicleta que le acompañaba desde los diez años. 

         Fernando miró hacia el abismo que se abría ante sus pies y levantó en peso la bicicleta. Apretó los ojos y lanzó cuarenta años de rabia, acantilado abajo. 

Miguel Martín
Noviembre, 2015

CLARIDAD: "LA TUERCA"

Rodolfo era el primer gato que vivía en aquella vieja casa de la esquina. Sus bigotes estaban chamuscados, retorcidos sin explicación alguna. Era un gato callejero, con aspiraciones de Don Juan. Cada noche se ponía sus mejores galas y salía a conquistar lindas gatitas, aunque sus preferidas eran las maduritas. Rodolfo no entendía por qué todas ellas no le hacían caso, ni un triste maullido, ni un arañazo amoroso. Nada. Hasta el día en que Sombra, el gato grandullón del vecino, murió en un extraño accidente de tráfico.  

Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Daida Rodríguez.

Se desnudó apresuradamente y se metió en la cama. Sus piernas no llegaban al borde, así que mamá le ponía un almohadón de Bob Esponja al final. Mamá cantaba boleros antiguos hasta que conseguía que se durmiera. Y el bebé, agradecido, le dedicaba babillas placenteras. Se le caían de la boquita mientras sonreía adormecido por la voz de aquella mujer amorosa. El bebé creció y siguió aferrado a su Bob Esponja, a la que llamaba Ana solo cuando se enfadaba y no le cantaba el bolero que él le pedía para dormirse. 

Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Miguel Martín.

La luz entraba por la ventana mientras la chica rubia pintaba el lienzo. Había estado bloqueada durante meses, pero aquella tarde fría y lluviosa la había inspirado: lanzó el bastidor por la ventana y el cuadro del jarrón de magnolias quedó hecho un cristo. Se sirvió una copa de vino blanco y lo saboreó mientras observaba su obra destrozada. Aquello le bastó para decidir que, a partir de ese momento, se dedicaría a la cría de mariposas. Sin duda, sería lo que le iba a hacer feliz para siempre: vino y mariposas. 



Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Miguel Martín.

Cada vez que Nazaret sacaba a su madre, tenía que recomponerle un hueso. Así que decidió diseñar un vestido que le ayudara a protegerla en sus salidas. Le iba cosiendo, sin hilos, retales a la piel. Sin malla ni costuras. Era un tejido experimental. Tan experimental, que en realidad era inexistente. Tan experimental, que ni siquiera tenía madre. Tan experimental, que ni siquiera. Tan experimental, que. 

Creacion colectiva de Daida Rodríguez, Victoria Castellanos, Miguel Martín y Blanca Villa. Planteamiento inicial y final: Miguel Martín.

sábado, 21 de noviembre de 2015

EJERCICIO DE DESBLOQUEO: "DOS PALABRAS"

"Montaña" y "avión"


La montaña no era ni demasiado alta ni muy escarpada. Era más bien una suave colina redondeada por la acción de la erosión, pero para los habitantes de la isla era todo un símbolo. Era simplemente La Montaña Aquella mañana, el símbolo se les vino literalmente abajo al ver cómo un enorme avión se estrellaba sobre ella, dejándola reducida a un simple montón de restos metálicos y humanos.

Al parecer el piloto, algo inexperto, no la vio ni como montaña ni como símbolo.

Miguel Martín
Septiembre, 2015

LA ELECCIÓN DEL TEMA: "EL MUEBLE DE LA INFANCIA"

En esas sobremesas que siguen a una buena comida con amigos, si surge el tema de la infancia, mi hermana suele recurrir a la anécdota de “La Cocinita”. Era una preciosa estructura verde y marrón, que olía a plástico, en una época en la que ese aroma era extravagante y delicioso. Despertaba, de forma obscena, los deseos de ser una madre dichosa por estar dedicada a sus tres hijos y su marido. En un espacio reducido se conseguía un equipamiento mejor que el de mi actual cocina de diez metros cuadrados, y preparar los platos más espectaculares que, aunque, inexistentes, sabían como todas las golosinas prohibidísimas por mamá. ¡Cuánta felicidad guardada en pequeños compartimentos! Tenía la altura justa para que una niña de seis años jugara cómodamente; y era lo suficientemente endeble para que mi peso, cayendo desde la cama, en una noche de mal dormir, la destrozara.
Cuando mi hermana cuenta esta historia con enfado fingido (¿fingido?), yo opto por esbozar una mueca de aburrimiento. Sin embargo, en mi mente una duda me incomoda, como el virus debilitado de una vacuna que consigue subir la temperatura corporal.

De la noche del accidente guardo una imagen que me inquieta más que la idea de que mi hija de dieciséis años ya no sea virgen. Arropada en la cama de casa de mis padres lloro en silencio de rabia. Mi hermana me ha prohibido que vuelva a usar su juguete más preciado después de un accidente con unas acuarelas. Observo La Cocinita junto a mi cama con la angustia de una Julieta separada de Romeo. El timbre del pequeño horno sonando en solitario en la oscuridad llama mi atención. Resuena como un tambor de guerra en mis oídos. Está tratando de decirme algo. Sé que es lo que tengo que hacer.

Daida Rodríguez.
Octubre, 2015

CLARIDAD EN EL RELATO: "DIEZ PALABRAS"

Los miedos nunca son invitados a mis noches de insomnio, aunque siempre llegan impuntualmente temprano. Antes si quiera de plantearme que debería acostarme, ellos ya están acercándose a casa. Pero, además, tienen la desfachatez de no acudir solos. Les siguen, muy de cerca, torbellinos de emociones abrumadoras, como adolescentes ruidosos saliendo del instituto. Justo en el momento en el que me deslizo bajo el frescor del edredón y apago la luz, se cuelan por el ojo de la puerta como una bruma pesada. Estas insufribles noches en vela son una de mis más incómodas costumbres desde que pasé de los cincuenta años. Yo diría que es un hábito casi tan penoso como el de odiar a mi hijo.
Hoy acudió puntual, junto con su también odiosa mujer, a celebrar mi 70 cumpleaños. Me atosigaron con decenas de alegres brindis con champaña, regalándome discursos eternos y empalagosos sobre los años que me quedan por vivir, y lo feliz que les hacía tenerme cerca. Y yo, mientras, me los imaginaba rezando porque estas fueran las últimas velas que soplara.
No puedo culpar a mi hijo de su falta de afecto sincero, y que sólo permanezca a mi lado para garantizar que su herencia se conserve intacta. Su actitud es sólo un reflejo de la mía. Nunca he podido amarlo. Tampoco amaba a su madre. Es más, su muerte fue un gran alivio. La presencia de ambos en mi vida era el alimento continuo de mi mayor miedo: ver pasar la vida como un canario en una jaula con la puerta abierta, cantando canciones alegres para deleite de los demás.
A pesar de esta sensación permanente de infelicidad, he podido engañar a casi todas las personas de mi alrededor. Creo que incluso a mi mujer. Es verdad que nunca fue muy avispada. Pero a un hijo… Aunque él nunca debe haberle puesto la etiqueta correcta, estoy seguro de que es consciente de mi falta total de cariño, y de que lo culpo de mi insatisfacción vital. Así que no me quejo de su hipocresía.
Por eso no pude evitar sonreír cuando, después de los postres, mi nuera, con mucho encanto, me espetó que por qué no me retiraba a uno de esos centros para mayores tan agradables, mientras su marido se hacía cargo desinteresadamente de la gestión de todos mis bienes. La retahíla continuó hasta volverse cansina y cuando los acompañaba a la salida empecé a arrepentirme de no haber rociado la ensalada con cianuro.

Me cambié de ropa después de una ligera ducha y me dirigí al ayuntamiento en taxi. Me abrió la puerta un conserje que me miró sorprendido y encontré sin ayuda el despacho que buscaba. Frente a la puerta del mismo me esperaban obedientes y sentados mis dos testigos, y junto a ellos un joven de tez oscura y grandes ojos verdes. “¿Todavía te quieres casar con este anciano?” Me respondió besando suavemente mis labios y me sentí vivo, como nunca en mis setenta años. Sabía que tampoco era sincero en su afecto, como mi hijo, pero al igual que en el caso de mi vástago me daba igual. Sólo quería terminar mis días sin tener que trasnochar cada noche por culpa de vivir una mentira. 

Daida Rodríguez.
Septiembre, 2015

EJERCICIO DE DESBLOQUEO: "DOS PALABRAS"

"Arroz" y "cristal"

Arroz. Lo único que realmente necesitaba del super. Arroz. Me daba igual la marca. Siempre compro Rocío, pero te hubiera perdonado que trajeras, no sé, Hacendado. Arroz. ¿Tan difícil era recordarlo? El domingo es el cumpleaños de mi madre. ¿Cómo quieres que haga la paella? Me dirás que veo mala intención donde no la hay, pero tú no soportas a mi madre. Sé bien cómo la miras, como si tuviera que disculparse por su falta de cultura, su forma de hablar… Arroz. Sólo necesito arroz, pero no tengo. Lo que sí hay en la bolsa es cerveza, aceite, tabaco, dos botes de espárragos riéndose de mí detrás del cristal. Sé que te parece una tontería. Una exageración mía de fácil solución. Coges el coche, regresas al super y traes todos los kilos de arroz que necesite. Pero para mí esto es un síntoma más de que yo y todo el mío carece de importancia. Y no me repliques que sólo eres el repartidor y que tu trabajo es traer lo que prepararon otros. Ahora seca esas lágrimas y ve a buscar mi arroz.


Al cerrarse la puerta frente a su nariz, Roberto sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón de su recién estrenado uniforme. Mientras se limpiaba los ojos, recordó cuando su madre le advertía de lo que pasaría si no acababa la ESO. Mañana iría a matricularse en la Escuela de Adultos.


Daida Rodríguez.
Octubre, 2015

LA ESCENA (II)



Falta de previsión

Cae la tarde en la playa de Las Teresitas. El aire cargado de calima se confunde con el fino polvo de arena. Dos figuras oscuras y corpulentas abandonan lentamente el agua. La de menor estatura avanza con dificultad. “Déjame que te ayude con la bombona, Rober”. “Ayúdame mejor a quitarme el neopreno, que no aguanto el dolor. Me cago en el erizo y en toda su familia”. Ambos se desprenden con lentitud del peso de sus espaldas, se descalzan y empiezan a forcejear con el neopreno. Un ruido llama su atención y miran, casi de forma sincronizada, hacia el frente. Un hombre y una mujer están tumbados semidesnudos sobre la arena. Se besan. Mientras son observados, ella se coloca sobre su acompañante. Una vez arriba gira la cabeza hacia los buceadores. Los tres se miran unos minutos en silencio. “¿Tienen un condón, chicos?”. “No”, responde Rober mientras señala con ambas manos su neopreno. Ella se vuelve hacia su pareja. “Vamos al puesto de Cruz Roja, Rober. Esa herida no tiene buena pinta”.


Daida Roríguez.
Noviembre, 2015

domingo, 6 de septiembre de 2015

Y DESPUÉS DE MUCHO TIEMPO... X EDICIÓN DE NUESTRO TALLER

El próximo 19 de septiembre dará comienzo la DÉCIMA EDICIÓN de nuestro TALLER DE CREACIÓN LITERARIA, con el Relato Breve como punto de partida. 

Desde esa fecha, hasta el 19 de diciembre, nos reuniremos cada sábado para compartir creación literaria, café, compañeros/as de inquietudes, buena música y la posibilidad de encauzar con rigor, todas las historias que rondan tu cabeza desde hace tanto tiempo... ¿Te lo vas a perder?



Contacta con nosotras, a través de este Blog o en el mail oloramar@gmail.com, para hacer tu reserva.



Te esperamos.





Este taller -de nivel inicial- nos aportará las claves para mejorar, uno por uno, los elementos más importantes y fundamentales de nuestros textos: el espacio, el tiempo, las escenas, los diálogos, etc. No sólo está pensado para los que deseen escribir relatos por primera vez, sino que también sirve de partida para los que aspiren a proyectos más grandes como novelas, memorias o cualquier otro género narrativo. Se trabajan las nociones fundamentales de la técnica narrativa, a la vez que se abordan diversos géneros literarios y registros, que llevarán a que el/la participante vaya descubriendo su propio estilo, su voz literaria y sus preferencias como escritor.

            La dinámica de trabajo es la propia de un taller: partiendo de unas líneas teóricas esenciales, habrá una fase inmediata de producción para, con posterioridad,  trabajar “tareas” semanales. De esta manera, además de la formación como escritor, se pretende que el asistente se exponga a la crítica fundamentada de sus escritos.

            Este taller tiene como objetivo pues, establecer cimientos en los que apoyarse con autoridad y ajustándose a cánones literarios; por lo que no se requiere experiencia académica previa en este terreno. No está dirigido a personas con un nivel avanzado en este ámbito.

            La próxima edición del Taller de Escritura Creativa tendrá como eje la Iniciación al Relato breve y sus elementos estructurales.

Fechas:
            Del 19 de septiembre al 19 de diciembre de 2015 (Tres meses)

Periodicidad:
           
            El Taller se llevará a cabo en una única sesión semanal: sábados de 16:00 a 18:00 horas. Así mismo, es conveniente disponer de una cuenta de correo electrónico para realizar intercambio de experiencias, correcciones y/o consultas durante la semana.

Nivel: Iniciación

Solicitud de inscripción y/o contacto:
·        Taller de Arte y Sala de Exposiciones oloAMAR; C/ Fernando Primo de Rivera, 4, frente a la dulcería Torre La Paz (S/C de Tfe.)
·        Mail de contacto: blanvilla@gmail.com  (poner en el asunto: “Taller de Escritura Creativa”)

Precio:
  • 225€. Es posible abonar este importe en dos plazos (50%): al comienzo del Taller y el 31 de octubre.

Contenidos:

  • Iniciación al Relato breve y sus elementos estructurales.
  1. Ejercicios de desbloqueo: “El miedo a la hoja en blanco”.
  2. El narrador y los puntos de vista.
  3. La memoria literaria.
  4. El personaje en el Relato Breve (el retrato literario)
  5. La imaginación: “el binomio fantástico”.
  6. La escena.
  7. El paisaje y el espacio.
  8. Creación de una historia a partir de una antigua.
  9. El tiempo y el ritmo del relato.
  10.  Naturalidad, claridad y eficacia. El diálogo.
  11.  Microficción. 

domingo, 21 de junio de 2015

CLARIDAD EN EL ESCRITO

La señorita modelo pasea grácil por el salón de su casa, a la espera de que sus invitados lleguen puntuales al “lunch”. Ella sabe de elogios infinitos, abrumadoras palabras, a las que la tienen acostumbrada. Por eso se siente segura, es perfecta.


La señorita modelo ultima detalles, pone ojo a todos los objetos visibles e invisibles de la estancia. Suena un armónico timbre de clase alta. Irrumpen  los deseados amigos de estricta etiqueta recibidos por champaña y encanto femenino. Sus gestos de aparente espontaneidad, andan sueltos por la estancia. Hablan con soltura, conversan con desenfado medido.

La señorita modelo, excelente anfitriona, con leve movimiento de ojos a su mayordomo da salida a la joya del lunch: los bombones  codiciados, originales de algún lugar del mundo en vías de desarrollo. El paladar de los presentes revive una suerte de sinfonía gustativa.

La señorita modelo desconoce el ingrediente letal añadido por los hombres y mujeres del país en vías de desarrollo a modo de rebelión, cianuro en pequeñas dosis. Sentados en los Roche Bobois de la espaciosa sala, se aprecian los primeros síntomas entre vómitos, dolores de cabeza y convulsiones. Un anciano es el primero en perecer; la señorita modelo -que no recuerda si es el embajador de Tasmania o Laos-  aterrorizada, se da la vuelta preguntando con la mirada qué está pasando. Cámaras, guionistas y publicistas responden con incredulidad. Quién ha traído los bombones. El salón decorado se llena de voces, gritos desgarradores y personal operario. Se oye del fondo del estudio un “que alguien llame a un médico”.

La señorita modelo llora desconsolada: es la única que se negó por contrato y dieta a hincar el diente a la preciada estrella de chocolate. Y la policía ha obligado a trasnochar al representante de una marca conocida de bombones, que publicita que jamás distribuye el género en verano.




Komando
Noviembre, 2012