sábado, 12 de diciembre de 2015

JUGANDO CON LA ESCRITURA: SÍMIL . "UN DÍA"

           

Cuando me despierto para ir a trabajar soy como un ombligo, un agujero arrugado, oscuro, enterrado bajo el edredón.



Si descubro que es sábado y no es necesario levantarse temprano soy como un beso cálido y agradecido. 



Mientras me muevo por mi enorme Instituto soy como un logotipo porque mido metro ochenta, me gusta vestir con colores llamativos, y los orientadores siempre tenemos un foco encima, aunque no queramos. 



Ahora, si me cruzo por las pasillos con la Inspectora soy como un sepulcro, que trata de pasar desapercibido en el cementerio cubierto por una lápida común, una frase típica y unas flores convencionales. 



Suelo evadirme si me aburren las conversaciones y me convierto en uno de esos botones que luchan por descoserse de la rebeca, perderse y ver mundo. 



En vicio me vuelvo cuando se me presenta una ocasión para juzgar a los demás a través de la ironía y el sarcasmo. Cuántas veces me muerdo la lengua a lo largo del día. Y cuánto me divierto con mi pensamiento. 



Por la tarde, suelo ir al gimnasio para someter mi cuerpo a formas de torturas ideadas por veinteañeros. Pues bien, cuando salgo de estas clases me quedo como una porción de chicharrón, es decir, como un cacho de “residuo que queda después de derretir la grasa del cerdo o de otros animales”. 


Por último, por las noches a veces hablo con mi madre. Para ella, yo sería la llanta protegida por el neumático que es mi hermana. Con ella llora, se queja, se enfada y a mí me habla de gatos.

Daida Rodríguez Barrios
Diciembre, 2015

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