domingo, 3 de abril de 2016

LA MIRADA DEL ESCRITOR: DERIVA

   Sé de estas calles, de sus rutas para unir destinos. No me dicen nada en particular. Las camino de aquí para allá sin un fin. 

   Cuando viajo, cuando estoy fuera, en otra ciudad en la que siempre siempre me gustaría quedarme a vivir, me detengo, la considero, la explico, la siento. Respiro y sonrío. Pero qué bonito. Pero qué bonito. 

   Ya casi no viajo. 

  Y hoy me he propuesto caminar mis calles despacio, incluso a pesar del objetivo y mirar hacia el perfil de los edificios contra el nítido azul. Y cuidar mi paso y detenerme a observar, a respirar, afrontando no estar en esta, sino en otra ciudad. Y también sonrío... Pero qué bonito. 

   Yo podría quedarme a vivir aquí. 

Gloria Villa
Abril, 2016



TALLER DE RELATO BREVE (PROGRAMA AVANZADO)

Ayer sábado comenzó la primera edición del Programa Avanzado de nuestro Taller. Fue emocionante encontrarnos de nuevo y sobre todo, enriquecedor. Si participaste en alguna de las ediciones del Programa Inicial, este es tu nuevo reto: ponte en contacto con nosotras. Te esperamos. 




lunes, 4 de enero de 2016

MICRO FICCIÓN - "LA MONSTRUA"

    Todos los días, antes del atardecer, me doy un paseo por el parque. Ahora, con el marido jubilado y los hijos independientes, he podido empezar a darme estos ratitos. Siempre reservo para el final la visita al diminuto estanque escondido. Es curioso que, pese a su extraña localización y profundidad, sea para mí el rincón con más encanto: Consigo serenarme observando las carpas rojas y doradas serpentear en él. 

   Hoy, un niño de unos seis años, se acercó hasta el borde. Le sonreí y me llamaron la atención sus ojos. De pronto, saltó al agua y comenzó a patearla con una rabia atroz. No pude moverme mientras él machacaba las carpas una y otra vez. El estanque se convirtió en un lodazal de jirones rojos y vísceras. 

    Su madre salió de la nada, levantándolo por los hombros, diciéndole que no hiciera aquello, que se iba a ensuciar las botas. 

Victoria Castellanos
Noviembre, 2015

"MARKETING"

       La tienda de Doña Chana siempre había estado en la esquina. En sus inicios había sido la típica ventita de postguerra. En los ochenta se reconvirtió en un videoclub. En los noventa abrió como un Ciento Cincuenta donde encontrar todo tipo de fruslerías. Con el nuevo siglo llegó el herbolario. 


Cuando Clara se hizo con el local, los vecinos se preocuparon. Aquella rubia menuda venía de fuera del pueblo y vestía demasiado hippy. No parecía una persona que guardara las tradiciones que dueños anteriores sí habían respetado. La tienda había mantenido el mismo nombre y en una de las paredes siempre había estado colgada una fotografía enmarcada, de una mujer de perfil de tez muy blanca y un gran moño negro. Para sorpresa de todos, Clara no se deshizo de ninguna de las dos cosas. Y tras superar las primeras impresiones, consiguió una clientela fiel que acudía a buscar remedios para la ciática, la tristeza, la migraña, el estrés de los exámenes, el exceso de kilos, la falta de deseo,… Clara parecía entender de todo.

—Siringa, Clara. ¿A qué no sabes lo que es?— la desafiaban.

—¿Eso no es una flauta típica de Grecia? Creo que tiene algo que ver con el Dios Pan.

—Pero, ¿cómo sabes tanto?

—No soy yo— siempre la misma respuesta señalando el retrato— Me lo chiva Dña. Chana.

Las “habilidades” de la mujer de la fotografía comenzaron a hacerse cada vez más populares. Además de conocer el significado de todas las palabras, también era capaz de adivinar las necesidades de los clientes sin que estos lo hubieran expresado.

—Dame algo para el insomnio, Clara.

—Espera un momento. Dña. Chana me dice que tú lo que necesitas es algo para el mal de amores.

—¿Tienes algo para el estreñimiento?

—Según Dña. Chana lo que estás buscando es valentía para enfrentar a tu madre.

A los seis meses de apertura, el herbolario era famoso en el pueblo y en la comarca por los remedios y consejos que la fotografía de una mujer expresaba a través de la dueña del establecimiento. La clientela aumentaba y Clara estaba contenta. Sin embargo, a veces, se sentía incómoda. Cada vez más la gente que entraba en su tienda se dirigían directamente a Dña. Chana. En ocasiones sólo hablaban con Clara para transmitirle lo que la foto les había recomendado y necesitaban comprar. Pero también estaban los que entraban, mantenían una conversación silenciosa con Dña. Chana y se iban. La situación se volvió realmente extraña cuando los clientes cogieron la costumbre de dejar regalos a la señora: flores, reliquias y, en un bol de alabastro, dejaban dinero.



Antes de celebrar el primer aniversario, el Ayuntamiento envió una carta a Clara. Al parecer el Vaticano estaba estudiando varios milagros adjudicados a Dña. Chana. Así que el Consistorio había decidido expropiar la propiedad para construir una capilla. Clara se fue del pueblo con una importante compensación económica e interesantes aprendizajes sobre la relación con los clientes de un herbolario.

Daida Rguez. Barrios
Diciembre, 2015